En este capítulo, A07: Errores de autenticación – Identification and Authentication Failures, vas a adentrarte en uno de los campos más críticos, complejos y subestimados de la ciberseguridad moderna: la autenticación y la identidad digital como nuevo perímetro de defensa. Verás cómo la categoría A07:2025 de OWASP no es solo una lista de fallas técnicas, sino la evolución histórica de un problema que acompaña a la industria desde hace más de veinte años. De contraseñas débiles y sesiones predecibles, pasamos a tokens distribuidos, SSO, MFA, OAuth, identidad federada, passwordless y arquitecturas Zero Trust.

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A lo largo del capítulo vas a entender:
- Por qué la autenticación es hoy el vector de ataque más rentable para los adversarios.
- Cómo evolucionó OWASP hasta consolidar A07:2025 como uno de los riesgos más persistentes.
- Qué errores lógicos siguen explotándose incluso en sistemas modernos “seguros”.
- Cómo piensan los atacantes cuando enfrentan flujos de autenticación, recuperación de cuentas y gestión de sesiones.
- Las técnicas reales que permiten vulnerar identidades: credential stuffing, fuzzing, secuestro de sesión, abuso de OAuth y errores en federación.
- Cómo se blinda un sistema desde el diseño, desde la nube, desde SaaS y desde la gestión de identidades.
- Cómo aplicar una mentalidad ofensiva para detectar y cerrar grietas que pasan desapercibidas para el desarrollador promedio.
Este capítulo no solo te mostrará qué está fallando: te enseñará a diseñar, implementar y mantener flujos de identidad realmente seguros, entendiendo las trampas, los patrones de ataque y los errores más comunes que se cometen en el mundo real. Este no es un manual teórico: es una guía para defender sistemas modernos en un entorno donde la autenticación débil equivale a un compromiso total.
Prepárate: vas a ver la autenticación con los ojos de un arquitecto, de un atacante y de un defensor a la vez.
La evolución de A07:2025 – Identification and Authentication Failures: la batalla continua por asegurar la identidad digital
La identidad digital se ha transformado en el nuevo perímetro de defensa en el mundo del software moderno. Y eso significa una sola cosa para quienes entienden la seguridad desde la práctica y no desde el PowerPoint: la autenticación ya no es una simple verificación de contraseñas, sino un sistema complejo de validaciones encadenadas que, si se rompen, te dejan completamente expuesto. A07:2025 no es una categoría más en el OWASP Top 10; es la representación viva de cómo, año tras año, la industria sigue tropezando con la misma piedra: no asegurar correctamente quién accede a qué. La renombrada categoría «Identification and Authentication Failures», antes conocida como “Broken Authentication”, refleja la evolución de este problema desde una perspectiva que combina el crecimiento de la arquitectura digital con la incapacidad sistemática de blindar los flujos de identidad.
Si retrocedés al OWASP Top 10 de principios de los 2000, te vas a encontrar con problemas relativamente sencillos: contraseñas débiles, sesiones mal gestionadas, tokens estáticos. Eran los tiempos del login basado en formularios simples y cookies sin bandera HttpOnly. Los ataques más exitosos se basaban en capturar cookies, predecir sesiones, o usar credenciales por defecto. Y si bien el impacto era grave, la solución también era directa: rotación de sesión, controles de longitud de contraseña, invalidación tras logout. Era un juego de superficies visibles.
Pero la industria no se quedó quieta. Con la aparición de arquitecturas móviles, APIs REST, microservicios y autenticación federada, los vectores de ataque se multiplicaron. En ese contexto, OWASP renombra la categoría y empieza a hablar explícitamente de «Broken Authentication» entre 2013 y 2017. Ya no se trataba solo de logins visibles en pantalla. Ahora, el juego ocurría entre headers HTTP, tokens JWT mal firmados, flujos OAuth 2.0 mal implementados y sesiones que vivían entre plataformas. La autenticación dejó de ser un proceso y pasó a ser un sistema distribuido. Y eso, para el atacante, fue música para los oídos. Tokens sin expiración, cookies persistentes sin rotación, endpoints de refresh vulnerables, almacenamiento inseguro de secretos… cada una de esas fallas abría un camino nuevo hacia el corazón de la aplicación.
Identification and Authentication Failures Fallos de identificación y autenticación
La autenticación y la gestión de sesiones constituyen componentes esenciales de las aplicaciones web modernas. La autenticación permite a los usuarios acceder a las aplicaciones web verificando su identidad. La forma más común de autenticación es mediante un mecanismo de nombre de usuario y contraseña. El usuario introduce estas credenciales y el servidor las verifica. El servidor proporciona al navegador del usuario una cookie de sesión si son correctas.
Una cookie de sesión es necesaria porque los servidores web utilizan HTTP (S) para comunicarse, que no requiere estado. Adjuntar cookies de sesión significa que el servidor sabrá quién envía qué datos. El servidor puede así rastrear las acciones de los usuarios. Si un atacante encuentra fallos en un mecanismo de autenticación, podría acceder a las cuentas de otros usuarios. Esto le permitiría acceder a datos confidenciales (dependiendo del propósito de la aplicación).
Algunos fallos comunes en los mecanismos de autenticación incluyen los siguientes:
- Ataques de fuerza bruta: si una aplicación web utiliza nombres de usuario y contraseñas, un atacante puede intentar lanzar ataques de fuerza bruta que le permitan adivinar el nombre de usuario y las contraseñas mediante múltiples intentos de autenticación.
- Uso de credenciales débiles: Las aplicaciones web deben establecer políticas de contraseñas seguras. Si las aplicaciones permiten a los usuarios establecer contraseñas como «contraseña1» o contraseñas comunes, un atacante puede adivinarlas fácilmente y acceder a las cuentas de usuario.
- Cookies de sesión débiles: Las cookies de sesión son la forma en que el servidor rastrea a los usuarios. Si contienen valores predecibles, los atacantes pueden configurar sus propias cookies de sesión y acceder a las cuentas de los usuarios.
Puede haber varias mitigaciones para los mecanismos de autenticación dañados dependiendo de la falla exacta:
- Para evitar ataques de adivinación de contraseñas, asegúrese de que la aplicación aplique una política de contraseñas segura.
- Para evitar ataques de fuerza bruta, asegúrese de que la aplicación aplique un bloqueo automático después de un cierto número de intentos. Esto evitaría que un atacante lanzara más ataques de fuerza bruta.
- Implementar la autenticación multifactor. Si un usuario tiene varios métodos de autenticación, por ejemplo, usando un nombre de usuario y una contraseña y recibiendo un código en su dispositivo móvil, sería difícil para un atacante obtener tanto la contraseña como el código para acceder a la cuenta.
El OWASP Top 10 de 2021 marcó un antes y un después. No solo se cambió el nombre de la categoría a “Identification and Authentication Failures”, sino que se amplió su alcance para incluir no solo los mecanismos de autenticación, sino también los de identificación. Porque ahí está el truco: podés tener el mejor MFA del mundo, pero si identificás mal a quién aplicás una política o si permitís acciones antes de completar correctamente el proceso de identificación, ya perdiste. Y eso pasa. Todo el tiempo. APIs públicas que no validan tokens, plataformas móviles que confían ciegamente en un storage local, aplicaciones que permiten acciones anónimas con impacto crítico. El nuevo enfoque del OWASP pone el foco donde realmente duele: en la lógica. En cómo, más allá del canal o del método, muchas veces se asume identidad sin validarla.
Y en 2025, el problema no solo no desapareció. Se agravó. Con la explosión de la autenticación sin contraseña, la biometría masiva, los proveedores de identidad externos, la federación en múltiples capas y los flujos de login que parecen diseñados por el enemigo, los errores en los flujos de autenticación e identificación no solo siguen vigentes: son más difíciles de detectar, más fáciles de explotar y más peligrosos que nunca. El auge de arquitecturas Zero Trust no cambió esa realidad: solo la hizo más explícita. Hoy un atacante no necesita romper la puerta, solo necesita interceptar una sesión mal revocada, reutilizar un JWT sin expiración, o manipular un flujo OAuth con redirect URIs mal validadas. El resultado es el mismo: acceso total.
Los datos son elocuentes. En A07:2025, se agrupan 36 CWEs que incluyen desde el uso de contraseñas codificadas (CWE-259), hasta la validación incorrecta de certificados (CWE-297), pasando por la fijación de sesión (CWE-384) y el uso de credenciales incrustadas (CWE-798). La tasa de ocurrencia es brutal: más de un millón de casos documentados, con un exploitability promedio de 7.69. ¿Traducción? Casi todas son fácilmente explotables. Y en el contexto actual, eso significa una sola cosa: el atacante ni siquiera necesita conocimientos avanzados. Con herramientas como OpenBullet, Sentry MBA o scripts personalizados, puede lanzar ataques de credential stuffing, manipulación de tokens y abuso de flujos SSO con una curva de aprendizaje mínima.
Lo más preocupante es que muchas veces las organizaciones siguen tratando la autenticación como un módulo menor. Algo que se implementa una vez, se prueba con un par de usuarios, y se olvida. Pero la realidad es otra: la autenticación es el punto más atacado, el más reutilizado y el que menos margen de error permite. No importa si tu backend está en Go, Node o Rust; si tu flujo de login tiene un bug lógico, un bypass en validación de tokens o una sesión que no se invalida correctamente, todo tu sistema está en riesgo. Y eso es lo que refleja A07:2025.
Desde la perspectiva ofensiva, la autenticación mal hecha es un paraíso. Cada implementación OAuth vulnerable, cada JWT sin firma, cada API sin validación contextual, cada flujo de recuperación de contraseña que filtra información, es un acceso sin necesidad de explotación técnica profunda. Es simplemente una puerta abierta. ¿Qué sentido tiene invertir en firewalls, en detección de anomalías o en análisis de comportamiento si tu sistema sigue aceptando sesiones antiguas o tokens que no fueron emitidos por tu backend? El error de pensar que «eso está en el proveedor» es una trampa. Porque incluso usando servicios como Auth0, Firebase o Azure AD, la lógica de validación siempre termina en tu código. Y si tu código acepta cualquier access_token como válido, ya no hay nada que hacer.
La autenticación fuerte no es opcional. La verificación de identidad contextual tampoco. Hoy cualquier sistema que quiera sobrevivir necesita MFA obligatorio, detección de comportamiento anómalo, rotación automática de tokens, verificación del canal de login, políticas de expiración claras y, sobre todo, un monitoreo constante de los eventos de login, logout y cambio de privilegios. Y no hablo de logs que se guardan en un archivo .txt. Hablo de trazabilidad activa, con alertas ante patrones sospechosos, como múltiples accesos fallidos desde diferentes IPs, intentos de login a horas atípicas o cambios de dispositivo sin reautenticación.
En esta versión del Top 10, OWASP deja en claro que la seguridad de identidad no es solo técnica: es cultural. Una organización que no tiene definida su política de autenticación es una organización que ya fue comprometida, solo que todavía no lo sabe. Porque el atacante va a probar. Va a buscar fallos lógicos, endpoints sin protección, tokens en headers mal gestionados. Va a abusar de cada decisión pobremente tomada. Y si puede, va a escalar lateralmente, usando un acceso a una aplicación inofensiva para pivotear hacia activos críticos. Porque la identidad es el nuevo perímetro, y el lateral movement en la nube es pan de cada día.
En definitiva, A07:2025 no es un problema viejo con un nombre nuevo. Es la consolidación de un enemigo persistente que, lejos de desaparecer, se adapta, evoluciona y se mete en cada grieta de tu arquitectura. Y si no tenés la cabeza en eso, ya estás tarde. La autenticación no es un feature. Es tu primera línea de defensa. Es la muralla que define si tus sistemas son tuyos o de cualquiera con un combo de credenciales filtradas. Y blindarla no es opcional. Es una obligación que tenés con cada usuario que se conecta a tu plataforma. Porque cuando esa barrera cae, todo lo demás se convierte en una ilusión de seguridad.

OWASP TOP 10
OWASP es popular por publicar el TOP 10 Owasp Web cada cuatro años. Este es un documento que lista los diez riesgos más críticos en aplicaciones web, con el objetivo de ayudar a las organizaciones a identificar y mitigar las vulnerabilidades asociadas con estos riesgos. https://owasp.org/Top10/es/ Cada uno de estos riesgos representa una debilidad común y significativa que a menudo se puede explotar para comprometer la seguridad de una aplicación web. OWASP proporciona información detallada sobre posibles vulnerabilidades y técnicas de ataque para cada riesgo.
El Top 10 de OWASP es una lista que se actualiza periódicamente de los riesgos de seguridad de las aplicaciones web más críticos. Lo mantiene el Proyecto Abierto de Seguridad de Aplicaciones Web (OWASP), una organización sin fines de lucro centrada en mejorar la seguridad de las aplicaciones web. Sirve como una valiosa guía para que los desarrolladores, los expertos en pruebas de penetración de aplicaciones web y las organizaciones comprendan y prioricen los riesgos de seguridad comunes en las aplicaciones web.
El Top 10 de OWASP es una lista conocida de los diez riesgos de seguridad de aplicaciones web más críticos. Se actualiza periódicamente para garantizar que refleje el panorama actual de amenazas y los desafíos de seguridad en constante evolución que enfrentan las aplicaciones web. La primera versión del Top 10 de OWASP se publicó en 2003. Su objetivo era crear conciencia sobre los riesgos comunes de seguridad de las aplicaciones web y ayudar a los desarrolladores a priorizar los esfuerzos de seguridad. La lista incluía riesgos como secuencias de comandos entre sitios (XSS), inyección de SQL y problemas de gestión de sesiones. Cada lanzamiento del Top 10 de OWASP se basa en las versiones anteriores, mejorando su precisión, relevancia y practicidad.

Evolución de OWASP TOP 10
En el momento de crear este artículo coexiste las dos versiones 2021/2025.
⚪No cambia
🟡Fusionado
🔵Cambia de posición
🟢Nuevo

La evolución de A07:2025 – Identification and Authentication Failures: la batalla continua por asegurar la identidad digital
En el ecosistema moderno, donde prácticamente todas las interacciones en línea dependen de la autenticación, las fallas en los mecanismos de identificación y validación de usuarios se han convertido en uno de los vectores de ataque más persistentes y peligrosos. La categoría A07:2025 – Identification and Authentication Failures representa la evolución de un riesgo que acompaña al OWASP Top 10 desde sus orígenes, aunque bajo diferentes nombres y enfoques. Antes conocida como “Broken Authentication”, esta categoría refleja cómo la industria pasó de preocuparse casi exclusivamente por contraseñas débiles o sesiones robadas a enfrentar un mundo de identidades distribuidas, federación, tokens, MFA y autenticación sin fricción. Su evolución histórica demuestra que, a pesar de los avances, la autenticación sigue siendo un desafío clave que la mayoría de las organizaciones no ha resuelto completamente.

En las primeras ediciones del OWASP Top 10, entre 2003 y 2010, las fallas de autenticación estaban dispersas en categorías como “Broken Authentication and Session Management”. Esto incluía problemas clásicos como contraseñas predecibles, sesiones expuestas, tokens no rotados, cookies inseguros y mecanismos de login deficientes. En aquella época, las aplicaciones dependían casi por completo de autenticación basada en formularios simples y sesiones gestionadas internamente por el servidor. Los ataques más comunes giraban alrededor de robo de cookies, fuerza bruta, uso de credenciales por defecto o ataques de fijación de sesión. Aunque estos problemas eran graves, OWASP los trataba como fallas relativamente directas, solucionables con buenos controles básicos. Sin embargo, la evolución del software comenzaba a mostrar que estos errores eran solo la punta del iceberg.

La transformación profunda llegó entre 2013 y 2017, cuando el ecosistema tecnológico avanzó hacia APIs, aplicaciones móviles, microservicios y autenticación distribuida. Ya no se trataba de un simple formulario de login; la autenticación pasó a involucrar tokens, servicios SSO, OAuth, OpenID Connect, JWT, multifactor y flujos que dependían de múltiples capas. En esta etapa, OWASP renombra la categoría como Broken Authentication, enfocándose explícitamente en errores más sofisticados: sesiones mal gestionadas, expiraciones incorrectas, falta de rotación, tokens previsibles, almacenamiento inseguro de credenciales, y validaciones insuficientes en APIs. Además, incidentes relevantes muestran que la autenticación mal implementada podía permitir accesos masivos a cuentas, robo de datos y ataques laterales dentro de infraestructuras corporativas.

La edición OWASP Top 10 – 2021 marca un punto decisivo: la categoría pasa a llamarse Identification and Authentication Failures, reflejando una perspectiva más amplia que abarca no solo la autenticación, sino también la identificación correcta del usuario antes de permitir cualquier acceso. La identidad se convierte en un concepto mucho más amplio y complejo: ya no basta con verificar contraseñas; hay que verificar dispositivos, conocer patrones de comportamiento, validar tokens firmados correctamente, integrarse con proveedores de identidad confiables, asegurar transiciones entre aplicaciones y gestionar múltiples contextos de autenticación (web, móvil, API, cloud). En este período, OWASP reconoce que el 80% de las vulnerabilidades explotadas en entornos corporativos involucran fallas en identidad: contraseñas débiles, MFA no implementado, tokens JWT sin firma, APIs expuestas sin validación, o lógicas de login manipulables.

A partir de 2021, el crecimiento explosivo de la autenticación federada y el uso masivo de OAuth 2.0 y OpenID Connect profundiza el problema. Muchas organizaciones implementan flujos complejos sin comprender completamente sus implicancias: errores en redirect URIs, validaciones insuficientes de state, fallas en PKCE, uso inapropiado de tokens de acceso, exposición accidental de tokens de refresco, carencia de rotación automática, JWT sin expiración o sin validación criptográfica. Estos errores no son simplemente fallas de implementación: son fallas de diseño donde la identidad se convierte en un vector crítico de ataque. Por eso OWASP consolida la categoría como un punto central en el Top 10.
Con la llegada del OWASP Top 10 – 2025, A07:2025 – Identification and Authentication Failures mantiene una posición relevante, incluso frente al ascenso de nuevas categorías como fallas de la cadena de suministro o defectos de diseño. Esto demuestra que, a pesar de los avances, la autenticación sigue siendo una superficie de ataque gigantesca. Los entornos modernos deben lidiar con múltiples desafíos simultáneos:
- Autenticación sin contraseña (passwordless)
- Biometría accesible desde dispositivos móviles
- MFA como estándar obligatorio
- Integración con proveedores de identidad como Azure AD, Google Identity o Auth0
- Tokenización distribuida en microservicios
- Accesos temporales, renovables, delegados o impersonados
- APIs internas y externas que requieren autenticación robusta
- Sesiones compartidas entre plataformas web, móviles y IoT
OWASP TOP 10 2021

OWASP TOP 10 2025
En la lista de los Diez Principales para 2025, se han incorporado dos categorías nuevas y una consolidada. Esta versión según OWASP está centrada en la causa raíz, más que en los síntomas, en la medida de lo posible. Dada la complejidad de la ingeniería y la seguridad del software, resulta prácticamente imposible crear diez categorías sin cierto grado de superposición.
En 2025, los tipos de errores más comunes en autenticación han cambiado: ya no se trata solo de contraseñas débiles, sino de errores en tokens, fallas en validación criptográfica, vulnerabilidades en flujos OAuth mal implementados y fallas en la lógica de identificación previa al proceso de autenticación. El auge del crimen organizado digital y del credential stuffing a escala masiva también contribuyó a mantener esta categoría en una posición crítica. Hoy, un atacante no necesita vulnerar la aplicación; puede simplemente utilizar credenciales filtradas, tokens robados o exploits en autenticación para obtener acceso total.
Además, las arquitecturas modernas introducen nuevos vectores que en el pasado no existían:
- JWT firmados con HS256 pero con claves débiles.
- Firmas inválidas aceptadas por librerías mal configuradas.
- PKCE omitido en implementaciones móviles.
- MFA mal implementado que puede ser burlado mediante canal paralelo.
- Confirmaciones de identidad mal diseñadas que permiten suplantación.
- Tokens no revocados tras un logout.
- Caducidades excesivamente largas o directamente inexistentes.
- Falta de detección de anomalías en el comportamiento del usuario.

OWASP destaca que el problema central no es solo técnico: es cultural. Muchas organizaciones siguen tratando la autenticación como un “módulo secundario” que se implementa rápidamente, en lugar de asumir que es la columna vertebral de toda la seguridad del sistema. Un fallo en autenticación equivale a un fallo total, independientemente de cuán bien protegido esté el resto de la aplicación.
En A07:2025, la categoría también incluye escenarios de identificación fallida, como:
- Identificar incorrectamente al usuario antes de aplicar un control.
- Permitir acciones anónimas con impacto crítico.
- Errores en la correlación entre usuario, sesión y dispositivo.
- Flujos donde se confía implícitamente en la identidad sin verificarla.
Estos fallos habilitan escalamiento vertical y lateral, manipulación de datos, suplantación, fraude y accesos inapropiados a entidades internas o externas. La presencia de esta categoría en el Top 10 de 2025 demuestra que la industria ha progresado, pero no tanto como debería. Mientras que algunas vulnerabilidades clásicas están en descenso, las fallas de autenticación e identificación se mantienen debido a la complejidad creciente y a la dependencia casi absoluta que tienen las aplicaciones en flujos de identidad distribuidos. OWASP deja claro que no existe seguridad sólida sin identidad sólida, y que este problema continuará siendo uno de los más desafiantes incluso en la próxima década.
La evolución de A07:2025 – Identification and Authentication Failures desde 2003 hasta 2025 es la historia de cómo la identidad se volvió el nuevo perímetro de seguridad. A medida que la web abandonó los sistemas monolíticos y adoptó arquitecturas distribuidas, la autenticación se convirtió en el corazón de cualquier modelo de defensa. Su posición actual refleja un mensaje claro: mientras exista la más mínima falla en cómo identificamos y autenticamos a un usuario, todo el sistema queda comprometido. La autenticación es el primer control de seguridad, y cuando falla, falla todo lo demás.
A07:2025 Errores de autenticación
Fallos de autenticación mantiene su posición número 7 con un ligero cambio de nombre para reflejar con mayor precisión las 36 CWE de esta categoría. A pesar de las ventajas de los marcos estandarizados, esta categoría ha mantenido su puesto número 7 desde 2021. Entre las CWE más destacadas se incluyen CWE-259: Uso de contraseñas codificadas , CWE-297: Validación incorrecta de certificado con discrepancia de host , CWE-287: Autenticación incorrecta , CWE-384: Fijación de sesión y CWE-798: Uso de credenciales codificadas.

Tabla de puntuación.
| CWE mapeados | Tasa máxima de incidencia | Tasa de incidencia promedio | Cobertura máxima | Cobertura promedio | Exploit ponderado promedio | Impacto ponderado promedio | Total de ocurrencias | Total de CVEs |
| 36 | 15,80% | 2,92% | 100.00% | 37,14% | 7.69 | 4.44 | 1.120.673 | 7.147 |

Descripción.
Cuando un atacante logra engañar a un sistema para que reconozca a un usuario inválido o incorrecto como legítimo, se presenta esta vulnerabilidad. Puede haber vulnerabilidades de autenticación si la aplicación:
- Permite ataques automatizados como el robo de credenciales, donde el atacante obtiene una lista vulnerada de nombres de usuario y contraseñas válidos. Recientemente, este tipo de ataque se ha ampliado para incluir ataques híbridos de contraseñas (también conocidos como ataques de rociado de contraseñas), donde el atacante utiliza variaciones o incrementos de credenciales robadas para obtener acceso, por ejemplo, probando «Contraseña1!», «Contraseña2!», «Contraseña3!», etc.
- Permite ataques de fuerza bruta u otros ataques automatizados y programados que no se bloquean rápidamente.
- Permite contraseñas predeterminadas, débiles o conocidas, como «Contraseña1» o el nombre de usuario «admin» con una contraseña «admin».
- Permite a los usuarios crear nuevas cuentas con credenciales que ya se sabe que han sido violadas.
- Permite el uso de procesos de recuperación de credenciales débiles o ineficaces y de contraseña olvidada, como «respuestas basadas en conocimiento», que no se pueden hacer seguras.
- Utiliza almacenes de datos de contraseñas de texto simple, cifradas o con algoritmos hash débiles (consulte A02:2021-Fallos criptográficos ).
- Tiene autenticación multifactor faltante o ineficaz.
- Permite el uso de alternativas débiles o ineficaces si la autenticación multifactor no está disponible.
- Expone el identificador de sesión en la URL, un campo oculto u otra ubicación insegura a la que puede acceder el cliente.
- Reutiliza el mismo identificador de sesión después de un inicio de sesión exitoso.
- No invalida correctamente las sesiones de usuario o los tokens de autenticación (principalmente tokens de inicio de sesión único (SSO)) durante el cierre de sesión o un período de inactividad.
Cómo prevenir.
- Siempre que sea posible, implemente y haga cumplir el uso de autenticación multifactor para evitar el relleno automatizado de credenciales, la fuerza bruta y los ataques de reutilización de credenciales robadas.
- Siempre que sea posible, fomente y habilite el uso de administradores de contraseñas para ayudar a los usuarios a tomar mejores decisiones.
- No envíe ni implemente con credenciales predeterminadas, especialmente para usuarios administradores.
- Implemente verificaciones de contraseñas débiles, como probar contraseñas nuevas o modificadas comparándolas con la lista de las 10 000 peores contraseñas.
- Durante la creación de una nueva cuenta y los cambios de contraseña, valide con listas de credenciales violadas conocidas (por ejemplo: usando haveibeenpwned.com ).
- Alinee las políticas de longitud, complejidad y rotación de contraseñas con las pautas 800-63b del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) en la sección 5.1.1 para secretos memorizados u otras políticas de contraseñas modernas basadas en evidencia.
- No obligue a las personas a rotar sus contraseñas a menos que sospeche una vulneración. Si sospecha una vulneración, fuerce el restablecimiento de las contraseñas inmediatamente.
- Asegúrese de que las rutas de registro, recuperación de credenciales y API estén reforzadas contra ataques de enumeración de cuentas mediante el uso de los mismos mensajes para todos los resultados («Nombre de usuario o contraseña no válidos»).
- Limite o retrase cada vez más los intentos fallidos de inicio de sesión, pero tenga cuidado de no crear un escenario de denegación de servicio. Registre todos los fallos y alerte a los administradores cuando se detecten o sospechen ataques de robo de credenciales, fuerza bruta u otros.
- Utilice un gestor de sesiones integrado, seguro y del lado del servidor que genere un nuevo ID de sesión aleatorio con alta entropía tras el inicio de sesión. Los identificadores de sesión no deben estar en la URL, deben almacenarse de forma segura en una cookie segura y se invalidan tras el cierre de sesión, inactividad y tiempos de espera absolutos.
- Lo ideal es utilizar un sistema prediseñado y confiable para gestionar la autenticación, la identidad y la gestión de sesiones. Transfiera este riesgo siempre que sea posible adquiriendo y utilizando un sistema robusto y bien probado.

Ejemplos de escenarios de ataque.
Escenario n.° 1: El robo de credenciales, el uso de listas de combinaciones conocidas de nombre de usuario y contraseña, es ahora un ataque muy común. Recientemente, se ha descubierto que los atacantes incrementan o ajustan las contraseñas basándose en el comportamiento humano común. Por ejemplo, cambian «Winter2025» por «Winter2026», o «ILoveMyDog6» por «ILoveMyDog7» o «ILoveMyDog5». Este ajuste de los intentos de contraseña se denomina ataque híbrido de robo de credenciales o ataque de rociado de contraseñas, y puede ser incluso más efectivo que la versión tradicional. Si una aplicación no implementa defensas contra amenazas automatizadas (fuerza bruta, scripts o bots) o robo de credenciales, puede utilizarse como un oráculo de contraseñas para determinar si las credenciales son válidas y obtener acceso no autorizado.
Escenario n.° 2: La mayoría de los ataques de autenticación exitosos se producen debido al uso continuo de contraseñas como único factor de autenticación. Una vez consideradas las mejores prácticas, la rotación de contraseñas y los requisitos de complejidad incitan a los usuarios a reutilizar contraseñas y a usar contraseñas débiles. Se recomienda a las organizaciones que cesen estas prácticas según la norma NIST 800-63 y que apliquen la autenticación multifactor en todos los sistemas importantes.
Escenario n.° 3: Los tiempos de espera de las sesiones de las aplicaciones no se implementan correctamente. Un usuario usa un ordenador público para acceder a una aplicación y, en lugar de seleccionar «cerrar sesión», simplemente cierra la pestaña del navegador y se retira. Otro ejemplo es si una sesión de inicio de sesión único (SSO) no se puede cerrar con un cierre de sesión único (SLO).
Es decir, un solo inicio de sesión inicia sesión, por ejemplo, en su lector de correo, su sistema de documentos y su sistema de chat. Sin embargo, el cierre de sesión solo se produce en el sistema actual. Si un atacante usa el mismo navegador después de que la víctima crea haber cerrado sesión correctamente, pero con el usuario aún autenticado en algunas aplicaciones, puede acceder a su cuenta. El mismo problema puede ocurrir en oficinas y empresas cuando una aplicación sensible no se ha cerrado correctamente y un compañero tiene acceso (temporal) al ordenador desbloqueado.

A07:2021 – Fallas de Identificación y Autenticación
| CWEs mapeadas | Tasa de incidencia máx | Tasa de incidencia prom | Explotabilidad ponderada prom | Impacto ponderado prom | Cobertura máx | Cobertura prom | Incidencias totales | Total CVEs |
| 22 | 14.84% | 2.55% | 7.40 | 6.50 | 79.51% | 45.72% | 132,195 | 3,897 |
Previamente denominada como Pérdida de Autenticación, descendió desde la segunda posición, y ahora incluye CWEs que están más relacionados con fallas de identificación. Las CWE notables incluidas son CWE-297: Validación incorrecta de Certificado con discrepancia de host, CWE-287: Autenticación incorrecta y CWE-384: Fijación de sesiones.
Seguridad en la Modificación de Correos y Autenticación Adaptativa: Un Enfoque Hacker
En el corazón de la seguridad moderna, proteger algo tan elemental como el cambio de una dirección de correo electrónico puede ser un desafío si no se implementa con una lógica implacable y múltiples capas de defensa. Cuando un sistema permite a un usuario actualizar su dirección de correo, este cambio se convierte en una puerta de entrada potencial para atacantes que buscan secuestrar cuentas, interceptar notificaciones o escalar privilegios. Por eso, una secuencia estructurada de autenticación y verificación se vuelve fundamental.
El proceso comienza exigiendo algo que solo el verdadero usuario puede conocer: su contraseña actual. Esta solicitud actúa como un cortafuegos inicial para verificar la identidad antes de procesar cualquier cambio. Luego, la nueva dirección de correo propuesta no se aplica de inmediato, sino que se registra como un cambio pendiente, estableciendo una condición de espera hasta que se cumplan ciertos pasos de validación. Esta mecánica detiene cualquier alteración hasta que se confirme la legitimidad del proceso desde ambas direcciones: la actual y la nueva.
Aquí es donde entra en juego un mecanismo clave en la arquitectura de seguridad: los nonces. Se generan tres nonces con tiempo de expiración, utilizados para tres propósitos diferentes pero sincronizados: notificar a los administradores, confirmar al usuario desde su correo actual y aplicar una validación adicional ligada a la contraseña. Es un ballet criptográfico, donde cada enlace enviado por correo contiene una pieza única de la verificación, minimizando los vectores de ataque y dispersando la posibilidad de explotación por un solo punto de falla.
Cada dirección de correo involucrada recibe su propio mensaje. El primero se envía a la dirección antigua, pidiendo confirmar el cambio y proporcionando un plan de escape si algo salió mal. El segundo va a la nueva dirección, como una especie de advertencia y solicitud de acción, también incluyendo un camino de regreso en caso de errores o ataques. Estas rutas separadas aseguran que incluso si un atacante compromete una de las direcciones, aún necesita acceso a la otra para completar la transición.
A diferencia de este enfoque de múltiples capas, plataformas como Google aplican una política distinta para cuentas protegidas únicamente por contraseña: en esos casos, el correo electrónico actual recibe solo una notificación pasiva. Este modelo implica una mayor confianza en el usuario y su vigilancia, lo que, desde una perspectiva ofensiva, representa una oportunidad para ataques de ingeniería social. De ahí la importancia de entrenar a administradores y personal técnico en tácticas defensivas. La ingeniería social sigue siendo una de las armas más efectivas en el arsenal de cualquier atacante, y contrarrestarla exige no solo tecnología, sino también conciencia humana. La guía de CISA sobre cómo evitar ataques de phishing es obligatoria para cualquier equipo serio en ciberseguridad.
Ahora bien, avanzar más allá de la simple verificación por contraseña nos lleva al campo de la autenticación adaptativa o basada en riesgos. Aquí las reglas cambian. Los sistemas modernos ya no se conforman con un único factor de autenticación; quieren contexto, señales, comportamiento. Cada interacción del usuario se convierte en un input para una decisión en tiempo real: ¿es esto normal o sospechoso? ¿Merece acceso sin fricción o se le debería retar con un desafío adicional?
El concepto es brutalmente eficaz: una aplicación puede confiar en una primera autenticación fuerte (como MFA) al iniciar sesión en un dispositivo nuevo y luego relajar las exigencias en las sesiones posteriores. O, al contrario, puede permitir accesos mínimos sin fricción, hasta que el usuario intenta realizar una operación crítica, como mover fondos o acceder a información sensible. Este enfoque no solo reduce la fricción para el usuario, sino que eleva las defensas cuando más importa.
En la práctica, esto requiere una arquitectura altamente sofisticada. Primero, las políticas deben alinearse con los marcos corporativos y regulatorios. No sirve de nada una detección impecable si va en contra de lo que la ley o la auditoría espera. Luego, está la cuestión de qué señales observar: geolocalización, hora, comportamiento, IP, huella del dispositivo, e incluso microvariaciones en la biometría del comportamiento pueden marcar la diferencia. Estas señales deben monitorearse no solo al iniciar sesión, sino durante toda la sesión activa.
El verdadero reto es convertir estas señales crudas en decisiones. Aquí entra en juego el modelo de puntuación. Puede ser una mezcla entre reglas estáticas, aprendizaje automático y lógica híbrida. Este modelo decide si una acción es sospechosa y, dependiendo del nivel de riesgo, ejecuta acciones específicas: permitir, pedir CAPTCHA, forzar MFA, bloquear la acción o incluso cerrar la sesión. Todo debe suceder en milisegundos. El modelo puede vivir en el borde, en una API gateway o en un servicio centralizado, dependiendo del balance entre latencia y control.
Cada acción del sistema tiene consecuencias visibles para el usuario, y estas deben ser claras y manejadas con precisión. Los mensajes de error no deben ser genéricos ni demasiado informativos, ya que pueden servir de vector para la recolección de inteligencia por parte de un atacante. A nivel de arquitectura, el motor de riesgo debe ser invocado en puntos estratégicos: desde el controlador de login hasta el middleware o la malla de servicio, asegurando una decisión uniforme en todas las capas.
La consistencia es crítica cuando un usuario interactúa desde múltiples dispositivos o pestañas simultáneas. Cambiar el estado de un token o cookie en mitad de una sesión implica sincronizar el backend y los clientes, sin romper la experiencia del usuario ni dejar huecos de seguridad. Y cuando el sistema detecta algo sospechoso, debe escalarlo a alertas, monitoreos y notificaciones bien diseñadas. ¿El usuario está consciente de que su cuenta fue desafiada? ¿El equipo de seguridad lo sabe? ¿Hubo una alerta por webhook, un evento en SIEM, una trazabilidad para auditoría?
Este nivel de detalle no es opcional. Es necesario. Porque hoy, la defensa ya no es solo bloquear al atacante, sino anticiparlo, adaptarse, y golpear de vuelta sin perder la experiencia del usuario. Y en este juego, los sistemas que logran combinar fricción cero con seguridad máxima no son solo los más seguros… son los más peligrosos para los atacantes.

Contraseñas: rediseñando la recuperación con mentalidad ofensiva
En el desarrollo de sistemas seguros, el proceso de recuperación de contraseñas es uno de los eslabones más débiles, frecuentemente mal diseñado, subestimado o copiado de implementaciones inseguras sin una revisión seria. Desde la perspectiva de un atacante, este flujo es una mina de oro: permite probar la existencia de cuentas, realizar ataques de fuerza bruta o incluso interferir con la experiencia del usuario legítimo para provocar errores operativos. Como arquitecto de seguridad o desarrollador con mentalidad ofensiva, tu deber es blindar este flujo, anticiparte a cada posible abuso y asegurar que ningún paso del proceso sea explotable.
A pesar de que muchas guías lo presentan como una funcionalidad menor, el botón “Olvidé mi contraseña” actúa como una puerta trasera al sistema de autenticación. Si no está protegido adecuadamente, todo el castillo se derrumba. El primer paso es eliminar las diferencias de comportamiento entre cuentas existentes y no existentes. Devolver un mensaje genérico —y lo más importante— hacerlo con un tiempo de respuesta uniforme impide que un atacante infiera la validez de los usuarios. Este tipo de ataque, conocido como enumeración de usuarios, es tan trivial como efectivo si el sistema revela diferencias en el contenido o tiempo de la respuesta.
Para reforzar este punto, cada solicitud de restablecimiento de contraseña debe seguir el mismo flujo sin importar la entrada: lógica idéntica, validaciones idénticas, ejecución asincrónica si es necesario. Incluso los errores deben simularse para mantener la coherencia. Pero esto no basta: si un atacante puede automatizar miles de solicitudes por hora para un solo usuario, entonces puede convertir la bandeja de entrada del objetivo en un infierno. Por eso, se vuelve crucial implementar protecciones adicionales como CAPTCHA, limitación por IP, rate-limiting por usuario y detección de patrones inusuales.
Cuando el usuario legítimo inicia el flujo, el backend debe generar un token —único, aleatorio y con una vida útil estricta— que permita continuar el proceso. Este token se puede entregar a través de un canal secundario, usualmente un correo electrónico. Pero cuidado: jamás uses encabezados no validados para construir la URL. Muchos sistemas han sido explotados por ataques de host header injection que permiten redireccionar al usuario a dominios maliciosos. La URL debe estar codificada o basada en una lista blanca de dominios de confianza y siempre bajo HTTPS.
El token se inserta en una URL enviada por correo, y al hacer clic el usuario es llevado a una página segura para introducir su nueva contraseña. Pero esta página también debe tener defensas: rel=»noreferrer» para evitar fugas de información, limitación de intentos, detección de repetición de token y una validación final del canal de comunicación (por ejemplo, que el token fue generado para esa cuenta, no reutilizado, y no expirado). En muchos casos, se permite que el token cree una sesión limitada para completar solo el restablecimiento, sin permitir navegar el sistema.
Ahora, incluso si se utiliza un PIN enviado por SMS o push como alternativa al correo, los principios deben mantenerse. El PIN debe ser aleatorio, suficientemente largo para resistir ataques de fuerza bruta, no reutilizable y con duración limitada. Nunca se debe permitir que un usuario restablezca su contraseña sin presentar un PIN o token válido. Incluso en métodos sin conexión —como autenticación por hardware, tokens offline, certificados o preguntas seguras— el principio es el mismo: sin autenticación fuerte, no se debe alterar nada.
En este contexto, las preguntas de seguridad son una herramienta débil pero aún presente. Desde el punto de vista de NIST y otros estándares modernos, no deberían utilizarse como autenticador primario. Son fácilmente predecibles, las respuestas son estáticas, y muchas veces derivables de redes sociales o filtraciones pasadas. Si se usan, deben combinarse con otros factores y diseñarse cuidadosamente: preguntas personalizadas, relevantes, únicas para la aplicación y con respuestas difíciles de adivinar. Las respuestas deben almacenarse con el mismo nivel de protección que una contraseña, idealmente usando bcrypt u otro hash resistente a ataques por diccionario.
La actualización de preguntas también debe ser una acción protegida. No se puede permitir que un atacante que comprometió temporalmente la cuenta cambie estas respuestas sin autenticación adicional. Y si se usan múltiples preguntas, debe evitarse que el sistema muestre preguntas diferentes en cada intento, ya que esto permite a un atacante probar muchas respuestas en poco tiempo. La pregunta debe ser fija hasta que el usuario falle o pase.
El otro gran peligro del flujo de recuperación es el ataque de fuerza bruta. Existen múltiples variantes: ataques tradicionales con diccionario, ataques dirigidos con mutaciones personalizadas y ataques de rociado de contraseñas, donde una misma contraseña se prueba contra múltiples cuentas para evitar bloqueos. Este último ataque es extremadamente efectivo si el sistema no limita intentos a nivel de IP y cuenta simultáneamente. Los bloqueos por usuario deben equilibrarse con mecanismos de defensa para evitar denegaciones de servicio, como CAPTCHA progresivo o desafíos adaptativos. Bloquear cuentas automáticamente por múltiples solicitudes de restablecimiento es peligroso: permite a un atacante dejar fuera de combate a usuarios legítimos. En cambio, se puede aplicar lógica más sofisticada, como alertas internas, revisión de logs o análisis de patrones.
Desde el punto de vista ofensivo, herramientas como DirBuster, WebRoot, WFuzz o Burp Suite automatizan la recolección y prueba de endpoints vulnerables, directorios comunes o parámetros manipulables. Estos ataques aprovechan fallos sutiles en cómo una aplicación maneja errores, respuestas inconsistentes o configuraciones mal diseñadas como mod_rewrite. Defensivamente, es esencial configurar el servidor web para devolver respuestas homogéneas, tanto en código como en contenido, y monitorear patrones de acceso anormales.
Por último, todo este proceso debe estar acompañado de prácticas robustas de seguridad: los tokens deben ser vinculados al usuario en la base de datos, expirados automáticamente, imposibles de reutilizar, y nunca deben generar sesiones completas automáticamente. Una vez restablecida la contraseña, el usuario debe iniciar sesión manualmente con su nuevo secreto, y el sistema debe preguntar si desea invalidar sesiones anteriores o hacerlo por defecto, según el riesgo.
En resumen, el flujo de “olvidé mi contraseña” es uno de los vectores más explotados por atacantes y una de las partes más críticas en la arquitectura de seguridad. Implementarlo mal es invitar al desastre. Implementarlo bien es una declaración de guerra contra la ingeniería social, el abuso automatizado y los errores lógicos que acechan incluso en los sistemas más robustos. Solo los sistemas que aplican principios ofensivos a la defensa pueden resistir la realidad del ciberespacio actual.

Hoja de trucos para la gestión de sesiones: el campo de batalla silencioso de la seguridad web
En el contexto de la seguridad ofensiva y defensiva de aplicaciones web, la gestión de sesiones es uno de los campos más delicados, silenciosos y frecuentemente mal implementados. Una sesión no es simplemente un identificador que “mantiene al usuario conectado”, es el alma temporal de su identidad digital dentro de una aplicación. Un error en cómo se genera, se almacena, se transmite o se invalida ese identificador puede permitir a un atacante hacerse pasar por un usuario legítimo, robar información, realizar acciones no autorizadas e incluso escalar privilegios. A lo largo de este documento, lo que se revela no es una simple guía de buenas prácticas, sino un manual de guerra para proteger uno de los activos más valiosos de cualquier sistema: el control de la identidad en tránsito.

HTTP es un protocolo sin estado. Cada solicitud es independiente de la anterior. Y es precisamente por eso que el concepto de sesión fue introducido en la capa de aplicación. A través de un token, usualmente una cookie, se puede asociar un flujo de interacción con un único usuario. Ese token es tan poderoso como el propio proceso de autenticación: si alguien obtiene tu token de sesión, ya no necesita tu contraseña. Y ahí empieza el verdadero problema.
La mayoría de los ataques de secuestro de sesión ocurren no por fallos catastróficos sino por pequeñas omisiones. Un ID de sesión predecible, un mal uso de cookies, ausencia de regeneración de token tras autenticación, falta de expiración, o aceptación de tokens en parámetros URL. Cada uno de estos errores se traduce en oportunidades de explotación. Por eso, la entropía del token es crítica. Mínimo 64 bits reales, pero idealmente 128 bits o más. Eso significa que el identificador debe ser generado por un CSPRNG y debe ser completamente impredecible, tanto en forma como en longitud. No debe contener datos codificados ni pistas del entorno. Y por supuesto, nada de PII, ni ID de usuario, ni fecha de sesión, ni hashes débiles.
Una vez que tienes un token robusto, el siguiente campo de batalla es su transmisión. Las cookies son el mecanismo ideal, pero mal configuradas son igual de peligrosas que los tokens en URL. El uso obligatorio de Secure, HttpOnly y SameSite es la base. Sin Secure, el token viaja en texto claro y se puede interceptar. Sin HttpOnly, el token puede ser accedido por JavaScript, abriendo la puerta al robo por XSS. Sin SameSite, las solicitudes cross-site con el token habilitan ataques CSRF. Pero no basta con configurar estos flags: debes confirmar que la aplicación solo acepta tokens a través de cookies. Nada de aceptar tokens en URL, POST, headers exóticos o parámetros ocultos.
Y si usas cookies persistentes, que sea con una razón poderosa. El almacenamiento prolongado de tokens en el navegador, especialmente si no se cifran, es una pesadilla desde el punto de vista de seguridad. Una cookie no persistente desaparece al cerrar el navegador, reduciendo la ventana de exposición si el usuario olvida cerrar sesión. Pero si realmente necesitas persistencia, entonces la seguridad debe aumentar en la misma proporción: cifrado, renovación periódica, controles de integridad y reautenticación adaptativa.
Otro pilar de la seguridad de sesiones es su ciclo de vida. Y este debe ser gestionado de manera estricta. Las aplicaciones no deben aceptar tokens generados por el cliente. Cada ID de sesión debe venir del servidor, y si el servidor recibe un token no reconocido, debe descartarlo y emitir uno nuevo. Esto elimina el riesgo de fijación de sesión, una técnica muy efectiva donde el atacante prepara un token y engaña al usuario para que lo utilice sin saberlo. También debe regenerarse el token en cualquier cambio de estado: login, cambio de privilegios, actualización de credenciales. Este paso rompe la continuidad de sesión y elimina tokens antiguos que pudieran haber sido interceptados.
El tiempo también es un factor clave. Las sesiones deben expirar. Punto. Hay tres formas de manejar esto: tiempo de inactividad, tiempo absoluto, y tiempo de renovación. El primero invalida la sesión si no hay actividad por un periodo determinado. El segundo lo hace sin importar la actividad. El tercero reemplaza el token activamente cada cierto tiempo. La combinación de los tres es ideal para entornos de alto riesgo. Y al expirar, no basta con borrar la cookie: el backend debe invalidar el token en su almacenamiento interno. Si eso no ocurre, el token es aún válido y se puede reutilizar.
En el lado del cliente también hay herramientas útiles. JavaScript puede detectar el cierre de pestañas, cambiar el token activamente, forzar el cierre de sesión al abrir nuevas ventanas, o incluso monitorear la duración del login para forzar renovaciones. Aunque todo código del lado del cliente puede ser burlado, estas medidas aumentan el costo del ataque. Especialmente útiles son los mecanismos que notifican al usuario de que su sesión expiró o que otra sesión fue iniciada en paralelo.
Hablando de sesiones paralelas, una aplicación robusta debe permitir al usuario ver todas sus sesiones activas, cerrar aquellas que no reconoce, y recibir alertas cuando su cuenta sea utilizada desde otros dispositivos. Aunque prohibir inicios múltiples puede romper la experiencia de usuario, ofrecer visibilidad y control sobre sesiones es una mejora significativa en la postura de seguridad.
A nivel de arquitectura, cada sesión debe ser registrada: creación, uso, renovación, expiración, y especialmente eventos críticos como cambios de privilegio o cierre inesperado. No se debe registrar el token completo, pero sí un hash salteado para correlación forense. Y si la aplicación tiene paneles de administración para ver y manipular sesiones, estos deben estar extremadamente protegidos, auditados y sujetos a controles de acceso estrictos.
La defensa no termina en el backend. Un WAF bien configurado puede aplicar políticas de sesión en tiempo real, como inyectar atributos de seguridad en cookies, detectar fijación de sesión, o rechazar tokens en canales inseguros. También puede correlacionar tokens con dirección IP, User-Agent y otros factores de fingerprinting, generando alertas o bloqueos cuando algo no cuadra. ModSecurity con las reglas de OWASP es una opción gratuita y poderosa para esto.
Por último, el vector de secuestro de sesión no depende solo del token. También importa cómo se vincula ese token al usuario. Si el token está asociado únicamente a un ID y no a su IP o agente de usuario, el atacante puede robarlo y utilizarlo sin restricciones. Vincular el token a una fingerprint más rica (incluyendo ubicación, configuración del navegador, dispositivo, etc.) permite detectar anomalías. ¿Es infalible? No. Pero sí eleva el costo para el atacante.
En resumen, la gestión de sesiones no es una simple cuestión técnica. Es un juego psicológico, logístico y criptográfico entre quien defiende y quien ataca. Cada variable —nombre del token, método de transporte, tiempo de vida, mecanismos de renovación, canal de distribución, política de autenticación, almacenamiento— puede convertirse en un eslabón débil. Y cada eslabón puede ser la entrada de un atacante que, sin necesidad de contraseñas ni exploits, secuestra una identidad y se convierte en el usuario.
Una sesión mal asegurada no es un fallo. Es una traición silenciosa al usuario. Un fallo que permite al enemigo caminar con tus credenciales, acceder a tu información y manipular tu mundo desde las sombras. Por eso, una gestión de sesiones segura no es una opción. Es un escudo obligatorio en el campo de batalla digital.

Relleno de credenciales: el eslabón olvidado que abre miles de puertas
Entre las técnicas más silenciosas, persistentes y devastadoras del arsenal cibernético ofensivo, el relleno de credenciales destaca por su eficacia, bajo costo operativo y simplicidad de ejecución. A pesar de ser un subtipo de fuerza bruta, su verdadero poder radica en la explotación de una vulnerabilidad humana ampliamente conocida pero sistemáticamente ignorada: la reutilización de contraseñas. No necesitas vulnerar un firewall, romper un algoritmo o explotar una inyección SQL. Solo necesitas acceso a un combo válido de correo y contraseña filtrado previamente. Es ahí donde comienza la verdadera cacería.

En números
Ahora que contamos con cinco años de datos sobre el tema, es definitivo: los derrames de credenciales han llegado para quedarse. Sin embargo, a primera vista, no es evidente si seguirán siendo una amenaza grave o simplemente una molestia. La Figura 1 desglosa los datos de derrames de 2016 a 2020.

Resumen de las fugas de credenciales de 2016 a 2020
El proceso no es nuevo, pero ha evolucionado en sofisticación. Todo comienza con una brecha de seguridad: un servicio comprometido, ya sea por un ataque directo, phishing, malware o una pobre configuración. Una vez que la base de datos cae, las credenciales extraídas se diseminan en foros, repositorios clandestinos y colecciones masivas como la infame “Collection #1” o “Collection X”. Estas bases alimentan herramientas automáticas que intentan los mismos pares usuario/contraseña en miles de otros portales. Y como millones de usuarios usan la misma contraseña en su correo, su banco, su red social y su cuenta corporativa, el resultado es una cascada de accesos ilegítimos sin necesidad de vulnerar sistemas. Simplemente se prueba lo que ya fue robado.

Número de incidentes de derrame de credenciales por año, 2016-2020.

Número de credenciales derramadas por año, 2016-2020.
Desde el punto de vista del atacante, el proceso es trivial de escalar. Herramientas como Sentry MBA, Snipr, OpenBullet o configuraciones personalizadas con Puppeteer permiten lanzar millones de solicitudes en cuestión de minutos. Las peticiones se distribuyen a través de redes de proxies, bots, VPS y servicios de microtrabajo humano, que hacen más difícil distinguir tráfico legítimo de actividad maliciosa. Si un conjunto de credenciales tiene éxito, el atacante puede: monetizar directamente la cuenta, revenderla, extraer más datos personales, usarla como pivote para movimientos laterales o generar nuevas campañas de phishing desde cuentas legítimas.

Distribución del tamaño del derrame de credenciales, 2016-2020.

Distribución del tamaño de la fuga de credenciales por año, 2016-2020 (se eliminaron los valores atípicos)
Lo preocupante no es solo la magnitud del problema —con miles de millones de credenciales expuestas en los últimos años—, sino su persistencia. Cada año, los informes indican que el almacenamiento de contraseñas sigue siendo débil: texto plano, MD5, sin sal, sin rotación. Mientras las buenas prácticas quedan en la teoría, las bases de datos reales exponen a millones con una sola caída. El informe de Shape Security (hoy parte de F5) muestra cómo una misma colección de credenciales es utilizada durante años, pasando por cinco fases: desde su uso sigiloso por atacantes sofisticados, hasta su masificación en foros públicos y, finalmente, su reempaquetado para intentar reactivar su ciclo de vida.

Tasa de incidentes de derrame de credenciales durante cada año calendario, 2016-2020.

Tasa de credenciales transferidas a lo largo de cada año calendario, 2016-2020.
El tiempo promedio para que una organización detecte que fue víctima de un derrame de credenciales es de 120 días. En la mitad de los casos, esa cifra supera los 300 días. Y muchas veces, la empresa no se entera hasta que los datos aparecen en un foro o son detectados por servicios como Have I Been Pwned. Durante ese tiempo, los atacantes ya han aprovechado al máximo la filtración. La ventana de exposición no solo es larga, sino que es una ventaja estructural para el atacante.

Histograma del tiempo transcurrido hasta descubrir el derrame (ancho del intervalo = 120 días, n = 96).

¿Consumidor o delincuente? En la Colección X, uno de cada tres inicios de sesión en sitios de clientes durante 12 meses se vio comprometido.
Los escenarios más peligrosos no son los grandes ataques visibles, sino los pequeños y silenciosos: un atacante que toma acceso a una cuenta de correo y espera. Desde ahí puede interceptar reseteos de contraseña, recopilar más credenciales, acceder a servicios corporativos y permanecer oculto durante semanas. Cuando el compromiso se detecta, el daño ya está hecho.

Cinco atacantes diferentes intentaron utilizar el mismo conjunto de credenciales en tres horas.

Los ataques repetidos a una cuenta de usuario alcanzaron su punto máximo en Nochebuena.
Fuzzing
Los atacantes sofisticados no se rendirán si no logran usar las credenciales exactas en un derrame. Si el nombre de usuario «shapesecurity00» formó parte del derrame, añadirán código a su programa de ataque para verificar también las 10 o incluso las 100 variantes más comunes, como:
- seguridad de forma01
- seguridad_de_forma00
- seguridad de forma_00
- seguridad de forma_00
- shapesecurity00@gmail.com
Este proceso se conoce como “fuzzing”. La Figura 25 muestra todos los ataques de robo de credenciales contra el usuario a********22 del Banco A, junto con variaciones similares del nombre de usuario.

Ataque de «fuzzing» en una cuenta bancaria. Los atacantes sofisticados no se rendirán si no consiguen las credenciales exactas de un derrame.

El método de robo de credenciales depende del nivel de habilidad del atacante.
El fuzzing de credenciales, una técnica derivada del relleno, representa una evolución aún más peligrosa. Un atacante que tiene el usuario “juanperez123” probará automáticamente variantes como “juan.perez123”, “juanperez@gmail.com”, o “juanperez1234”. De igual forma, si la contraseña filtrada es “perrito123”, se probarán combinaciones como “perrito123!”, “Perrito123” o “perrito1234”. Esto convierte una sola filtración en una fuente de credenciales potenciales, multiplicando su impacto.

Gráfico de tendencias de Google que muestra el interés en PhantomJS frente a Puppeteer entre 2010 y 2016. (Fuente: Google Trends)
El nivel de automatización ya ni siquiera requiere conocimiento técnico avanzado. Herramientas como Browser Automation Studio permiten a cualquier usuario arrastrar y soltar componentes para construir un ataque. Y con el respaldo de marketplaces que venden configuraciones personalizadas, incluso un atacante novato puede montar una infraestructura efectiva sin escribir una sola línea de código.

Movimientos del ratón humano versus el ratón robot.
Incluso si las organizaciones aplican límites de tasa, protección CAPTCHA, bloqueo por IP y otras técnicas comunes, los atacantes adaptan sus estrategias. Automatizan la rotación de proxies, usan servicios de CAPTCHA solving, simulan navegación humana, o incluso tercerizan clics y movimientos con microtrabajadores humanos. Algunos ataques combinan automatización con tráfico legítimo, mezclando acciones reales con intentos maliciosos en horarios de bajo monitoreo.

Interfaz gráfica de usuario de Browser Automation Studio.
Para defenderse contra esto, la MFA sigue siendo la defensa más efectiva. Un segundo factor rompe el ciclo de éxito del relleno de credenciales, porque una contraseña válida ya no es suficiente. Pero su implementación aún es incompleta en muchos sectores, y muchas organizaciones lo aplican solo para ciertas cuentas o privilegios. El verdadero reto es adoptar MFA como estándar universal, sin excepciones.

Crear tareas de automatización en BAS es sencillo.
También es crítico aplicar detección de patrones de acceso anómalos: cambios de IP, patrones nocturnos inusuales, tasas de error elevadas en logins, aumentos repentinos en los intentos de recuperación de contraseña. Estos son signos claros de una campaña de credential stuffing en curso. Pero no basta con detectar: hay que responder. Bloquear, alertar, invalidar tokens, forzar reseteos. La inacción o la respuesta tardía es lo que convierte una amenaza en una brecha masiva.

Evitar bifurcaciones comunes como la autenticación multifactor en BAS es fácil.
Las organizaciones también deben tomar responsabilidad activa en la prevención. Auditar regularmente sus bases de usuarios contra bases de datos filtradas públicas y privadas, deshabilitar cuentas inactivas, rechazar credenciales previamente expuestas, imponer rotación de contraseñas sin forzar cambios triviales, y educar a sus usuarios sobre los peligros reales de la reutilización.

Compilación y protección de software para desarrolladores en unos pocos clics en BAS.
En última instancia, el relleno de credenciales es una guerra de desgaste. No se trata de un exploit sofisticado, sino de un abuso sistemático de la confianza y la negligencia. Cada usuario que reutiliza su contraseña es una puerta abierta. Cada sistema que no obliga a una autenticación fuerte es un punto débil. Cada empresa que almacena credenciales sin hashing moderno es una bomba de tiempo.

Etiquetado de datos de “microtrabajo” utilizando humanos para ayudar a eludir las defensas anti-bots.
Si algo ha quedado claro en los últimos años es que no puedes proteger tu perímetro si las llaves están colgando en la dark web. Y hasta que eso no cambie, el relleno de credenciales seguirá siendo el ataque más rentable del cibercrimen.

Figura 35. Infracciones en EE. UU., 2018-2019, por causa (%).
Guía hacker de seguridad en la nube: elegir, configurar y proteger como un profesional
Trabajar con servicios en la nube es hoy un estándar tanto para empresas como para proyectos individuales. Pero mientras millones de datos flotan entre centros de datos y clientes, la pregunta que realmente importa es: ¿estás blindado o vas desnudo? Esta guía es para quienes buscan no solo utilizar la nube, sino dominarla desde una perspectiva de seguridad ofensiva y defensiva. Desde arquitecturas hasta confianza cero, pasando por separación de privilegios y cifrado a prueba de espionaje, vamos a diseccionar cada elemento crítico que todo profesional de ciberseguridad debe considerar para operar en entornos cloud sin exponer su operación al mínimo riesgo innecesario.

Entendiendo la nube antes de tocarla
Cuando se habla de «la nube», hay que descartar esa visión abstracta y pensar en servidores físicos, en racks que nunca ves pero que siempre están encendidos. No es magia. Es infraestructura de terceros que usás para almacenar, procesar o desplegar servicios. Y aunque es flexible, escalable y brutalmente conveniente, también es compartida. Ahí está el problema: tu información vive con la de otros. ¿Quién la aísla? ¿Cómo? ¿Bajo qué condiciones? Antes de empezar, es obligatorio entender los modelos de servicio: SaaS, PaaS, IaaS, contenedores y arquitecturas serverless. En cada uno, cambia quién tiene el control. Y con el control, cambia quién es responsable cuando algo se rompe.
¿Quién debería preocuparse por esto?
Todos. Desde gobiernos hasta startups. No importa si sos el CTO de una empresa pública o un desarrollador freelance: si usás la nube, esta guía es para vos. ¿Tenés datos sensibles? Te interesa auditar a fondo tu proveedor. ¿No tenés nada crítico? Igual necesitás defender tu cuenta y prevenir intrusiones. ¿Desplegás infra completa en AWS, Azure o GCP? Entonces vas a tener que lidiar con modelos compartidos de responsabilidad y tomar decisiones sobre separación, cifrado, autenticación y respuesta ante incidentes. De eso se trata. No importa el tamaño: si tus datos están en la nube, sos un objetivo.
Seguridad: del diseño al despliegue
La ciberseguridad efectiva no se añade al final. Se diseña desde el principio. Eso significa entender lo que necesitás, mapear los riesgos, elegir el proveedor correcto, configurar los servicios con cabeza y mantenerlos bajo vigilancia permanente. Suena obvio, pero el 90% de las brechas ocurren porque alguien no cambió los valores por defecto, dejó una bucket pública en S3 o expuso credenciales en un repo. Por eso el enfoque del NCSC se basa en cuatro pilares fundamentales: cifrado, control de acceso, registros de seguridad e incident response. Y eso hay que aplicarlo en todas las capas.
Cifrado: datos blindados en tránsito y en reposo
Lo mínimo aceptable es TLS 1.2 con certificados bien configurados. Si tu proveedor sigue usando SSL o variantes obsoletas, salí corriendo. El tráfico entre cliente y servicio debe estar cifrado extremo a extremo. Pero eso no es suficiente. También necesitás cifrado en reposo. Ya sea en S3, EBS, Blob Storage o bases de datos gestionadas, los datos deben estar cifrados incluso cuando nadie los está usando. Y tenés que saber cómo se manejan esas claves: ¿las controla el proveedor? ¿las manejás vos con KMS? ¿hay rotación automática? ¿podés traer tus propias claves (BYOK)? Esas decisiones impactan directo en tu postura defensiva.
Autenticación: acceso solo para quien tiene que estar
Acceder a una API, consola de administración o interfaz web no debería ser cuestión de solo un password. Necesitás MFA activado por defecto y control granular de privilegios. Nada de cuentas con permisos de root en uso diario. Las APIs deben estar protegidas por tokens válidos, scopes definidos y autenticación por cliente/servidor. El inicio de sesión único (SSO) tiene que integrarse con tu proveedor de identidad, y toda credencial almacenada debe estar protegida con hashing fuerte y salteado (mínimo bcrypt o Argon2). Y lo más importante: roles bien definidos. Nada de cuentas tipo «admin123» con acceso global. Separación de privilegios es ley.
Monitoreo, logs y respuesta a incidentes
Un servicio que no genera logs de eventos críticos no sirve. Necesitás saber quién entró, cuándo, desde dónde, qué configuró y si cambió algo. Y tenés que poder enviar esos logs a un SIEM, correlacionarlos, detectar patrones raros y lanzar alertas automáticas. Además, tu proveedor debe tener un protocolo claro de respuesta ante incidentes, con tiempos de contención, parcheo y comunicación definidos. Si no tienen política de actualizaciones automáticas ante vulnerabilidades críticas, ni disclosure program, ni canal para reportes de seguridad, estás a merced del azar. Y en ciberseguridad, eso es un lujo que no existe.
Gobernanza: sabé dónde están tus datos y quién los toca
La transparencia es clave. Necesitás saber en qué región están tus datos, bajo qué jurisdicción operan y si pueden ser accedidos por terceros. La política de privacidad tiene que detallar si comparten información, con quién y bajo qué circunstancias. Además, es crítico que puedas revisar fácilmente la configuración de seguridad del servicio. Algunos proveedores publican guías, scripts y plantillas de hardening. Si no lo hacen, y todo está enterrado en documentación opaca, tené cuidado. Si no podés auditar, no podés confiar.
Cómo elegir un proveedor de nube con cabeza
Más allá del costo, el proveedor que elijas debe darte respuestas claras a cada uno de los principios de seguridad en la nube. Idealmente, debe tener publicadas sus posturas frente a los 14 principios del NCSC, firmadas por responsables técnicos y auditadas por terceros. Si no, por lo menos debería responder con evidencia concreta (no marketing vacío) a preguntas clave como: ¿usás TLS en tránsito? ¿cómo manejás claves? ¿tenés MFA activado por defecto? ¿qué logs generás? ¿podés mostrarme reportes de auditoría de seguridad? Si un proveedor esquiva esas preguntas, descartalo. No estás buscando el más barato. Estás buscando el más seguro.
Seguridad por diseño, por defecto y sin excusas
Una de las trampas más comunes es asumir que el servicio ya viene seguro por defecto. Error. Muchos proveedores ofrecen configuraciones básicas, pero vos sos quien tiene que activarlas. Eso incluye políticas de red, firewalls internos, listas blancas de IP, cifrado de buckets, reglas de rotación de claves, políticas IAM restrictivas, tiempo de expiración de sesiones, entre otros. Por eso, una vez elegido el servicio, el siguiente paso es diseñar su arquitectura considerando todas las capas de seguridad disponibles. Y si tu aplicación se basa en otras soluciones cloud (como backend de Firebase, S3 o Cloudflare Workers), asegurate de auditar cada eslabón. Una cadena es tan fuerte como su punto más débil.
Operá como si mañana fueras blanco de ataque
En ciberseguridad, pensar en “bajo riesgo” es pensar mal. Asumí brecha. Pensá que te van a atacar. Diseñá tu stack como si el atacante ya estuviera dentro. Eso implica segmentación, mínima exposición, mínimo privilegio, registros auditables, MFA obligado, y todo token generado con tiempo de vida limitado. Todo endpoint, API o acceso debe tener monitoreo en tiempo real. Y tus datos más críticos deberían tener backup automático, cifrado y replicación geográfica. No porque sea paranoia, sino porque el caos ocurre. Lo que define si sobrevivís o no, es qué tan preparado estabas antes de que pase.
Epílogo: nube sí, pero con armadura
No se trata de evitar la nube. Se trata de no confiar ciegamente en ella. La seguridad en la nube es un juego de precisión y conocimiento. Si dominás los fundamentos, elegís el proveedor correcto, configurás a conciencia y auditás regularmente, podés disfrutar de su escalabilidad sin perder el control. Pero si te subís sin entender los riesgos, vas a terminar siendo parte de las estadísticas. La nube es poderosa. Pero sólo si la usás bien.
Bienvenido al juego. Ahora jugalo como un hacker.
Seguridad en la Nube: Todo lo que Necesitás Saber para No Ser el Eslabón Débil
Migrar a la nube no es solo una decisión tecnológica, es una decisión estratégica que define la postura de seguridad de tu organización. Puede parecer atractivo subirse a AWS, GCP o Azure porque lo hace todo el mundo, pero si no entendés cómo funciona la arquitectura subyacente, cómo se distribuyen las responsabilidades, o qué tipo de aislamiento técnico hay entre tus datos y los del resto, vas a caminar con los ojos vendados en medio del tráfico. Usar la nube no significa soltar el control. Significa redefinir qué control tenés, qué control cede el proveedor y cómo reforzás cada punto débil sin asumir que todo está resuelto por defecto. Spoiler: no lo está.
El modelo de responsabilidad compartida en la nube es la primera mentira blanca que hay que desmitificar. Muchos creen que al contratar un SaaS o montar una aplicación en PaaS, la seguridad deja de ser su problema. Falso. El proveedor se encarga de la infraestructura física, de las actualizaciones del sistema base y de algunos controles lógicos. Pero vos seguís siendo el único responsable de lo que subís, de cómo configurás, de a quién le das acceso y de qué permisos tienen tus tokens. Pensar que porque alguien más hostea tu base ya no tenés que pensar en cifrado, autenticación, o control de acceso, es pensar como un blanco fácil.

Cuando decidís subir tus servicios a una nube pública, básicamente alquilás parte de una infraestructura compartida con miles de otros clientes. Lo único que te separa de ellos es software. Separación lógica. Políticas de IAM. Grupos de recursos. Nada físico, nada tangible. Acá es donde tenés que ser paranoico de forma profesional. Porque si el plano de control de la nube sufre una vulnerabilidad, tus datos están a un par de líneas de código maliciosas de ser extraídos. Y aunque la nube pública tenga economías de escala que mejoren la ciberseguridad global, si vos configurás mal un bucket o exponés una API sin control, ni la IA más avanzada va a poder salvarte.
Por eso, más allá del proveedor que elijas, tenés que entender cómo funcionan los modelos de implementación. Si usás IaaS, todo lo que corra sobre tu instancia es tu problema: sistema operativo, parches, claves, firewall, registros, auditoría, tokens. Todo. Si usás PaaS, tenés algo más de soporte, pero seguís siendo el responsable del código, de cómo se autentican tus usuarios y de cómo se accede a los datos. Si usás SaaS, delegás más cosas, pero no podés desligarte de verificar si ese proveedor sigue buenas prácticas. Aunque SaaS parezca el más sencillo, es justamente donde más confianza ciega se deposita. Y eso es peligroso.
La nube híbrida y la multinube son escenarios que elevan la complejidad a niveles exponenciales. Cuando integrás plataformas distintas con distintos mecanismos de autenticación, cifrado, gestión de logs y modelos de IAM, tenés que ser un cirujano de la arquitectura para que nada se te escape. Las interfaces entre las nubes son vectores de ataque. El tráfico entre on-premise y cloud necesita protección en tránsito. El diseño de redundancia entre regiones no puede romperse por una mala configuración de red. Y si usás herramientas de abstracción para orquestar todos esos entornos desde un solo punto, más vale que ese punto esté blindado como un búnker. Porque si se compromete ese panel, caés por efecto dominó.
Un KMS mal utilizado es otro de los pecados capitales en la nube. Mucha gente piensa que por tener cifrado habilitado, sus datos ya están seguros. Pero si tus claves están mal protegidas, son exportables, o no tenés visibilidad de quién las accede, es como ponerle una cerradura de juguete a una bóveda. La gestión de claves tiene que hacerse sobre HSMs certificados, con acceso restringido, rotación automática, registro de auditoría y mínima exposición. Importar claves propias (BYOK) solo tiene sentido si lo exige una regulación. Si no, complicás todo sin ganar nada. El modelo ideal es usar las claves generadas por el proveedor y delegar todo el manejo al sistema integrado de la nube, siempre y cuando ese sistema cumpla con estándares modernos y esté respaldado por evidencia concreta.
El aislamiento técnico es otra área donde hay que profundizar más allá de la superficie. Muchos piensan que el uso de máquinas virtuales garantiza separación. Pero si dos workloads comparten kernel o si el hipervisor no está endurecido, tenés riesgo de escalada lateral. La separación efectiva se logra con virtualización respaldada por hardware, con hipervisores minimalistas tipo 1, con cómputo confidencial y con herramientas que reduzcan la superficie de ataque. La computación confidencial es una de las grandes promesas, pero solo sirve si el código que ejecutás adentro está escrito como si cada bit pudiera ser observado por un adversario. De nada sirve cifrar la memoria si luego hacés logging en texto plano.

Una nube bien configurada es más segura que tu datacenter tradicional. Pero una nube mal utilizada es un campo minado. Tenés que tener control sobre las identidades, tokens, claves, APIs, puertos expuestos, políticas de acceso, patrones de tráfico y registros de todo lo que se mueve en tu entorno. Cada servicio que desplegás debe tener logging detallado, alertas configuradas, límites de privilegio definidos y controles de flujo entre microservicios. Lo ideal es trabajar con redes definidas por software, mallas de servicios y control a nivel de capa de aplicación. Y no te olvides de la protección de datos en tránsito: TLS bien configurado, sin aceptar versiones obsoletas ni suites débiles.
La confianza en un proveedor no es una emoción. Es el resultado de validaciones, auditorías independientes, cumplimiento de estándares como ISO 27001 o SOC 2, respuestas firmadas a los 14 principios de seguridad de la nube, y evidencia pública de cómo responden ante incidentes reales. Si tu proveedor no te da acceso a esa información, no es confiable. No aceptes promesas sin pruebas. Y mucho menos si estás almacenando datos sensibles bajo normativas como RGPD o HIPAA. La transparencia operativa es un indicador directo de madurez en seguridad.
Una vez que elegiste un proveedor confiable, usá bien su plataforma. No diseñes como si estuvieras en un datacenter. Aprovechá los componentes nativos. Usá arquitecturas serverless para reducir la superficie de ataque. Dejá que el proveedor gestione el sistema operativo y vos concentrate en el código. Implementá patrones de defensa en profundidad. Aplicá modelos de confianza cero. Validá todos los flujos de datos. Segmentá entornos por proyecto, por nivel de riesgo y por dominio de seguridad. Separá producción, testing, staging. Blindá tu pipeline de CI/CD. Hacé escaneo automático de imágenes, control de versiones, y usá secretos almacenados en servicios gestionados.
En la nube, la seguridad no es solo un set de herramientas. Es un mindset. Es una cultura. Y es una responsabilidad que nadie más va a asumir por vos. Si querés usar la nube como un profesional, dejá de pensar que subiendo tus cosas a internet «alguien se encargará». Ese «alguien» sos vos. Y cada decisión que tomás, desde elegir el proveedor hasta configurar una política de acceso, es una decisión de seguridad. Cada bit importa.
La nube no es segura. Vos la hacés segura.
Cómo Blindar tu Aplicación SaaS como un Hacker
Usar una aplicación SaaS puede parecer cómodo, práctico y moderno. No tenés que mantener infraestructura, no te preocupás por aplicar parches al sistema operativo ni gestionar los servidores. Pero si te pensás que eso significa que la seguridad deja de ser tu problema, estás cometiendo el error más básico de todos: creer que delegar la infraestructura es delegar la responsabilidad. En SaaS, los proveedores te dan las herramientas, pero vos tenés que usarlas bien. Si no configurás la seguridad correctamente, si no entendés los modelos de control, si no limitás privilegios ni trazás límites claros, el agujero no está en la nube: está en vos.
Lo primero que tenés que entender antes de tocar cualquier aplicación SaaS es su propósito. Parece trivial, pero es una de las cosas que más se subestima. ¿Quién la va a usar? ¿Qué tipo de datos va a manejar? ¿Cuál es su sensibilidad? ¿Dónde se almacenan esos datos? ¿Quién puede verlos? ¿Se aplican normativas locales o internacionales? Sin responder todo eso, vas a estar usando un arma sin conocer el gatillo. Porque hay apps que solo sirven para comunicación interna, y otras que se convierten en el corazón digital de tu negocio. Y no se las configura igual.
Una de las claves críticas es la incorporación y salida de usuarios. Si no tenés un proceso automatizado, estás jugando con fuego. Cuando un usuario se va de la empresa, su cuenta debería desactivarse automáticamente. No mañana. No después del almuerzo. Ahora. Cada minuto que ese acceso sigue abierto es una ventana para un ataque interno, una filtración, o una explotación de credenciales viejas. La gestión JML (Joiners, Movers, Leavers) tiene que integrarse con tu proveedor de identidad y tus fuentes de verdad. Si todavía hacés onboarding o offboarding a mano, estás regalando acceso. Punto.
Y si hablamos de identidad, no podés tomarte a la ligera la autenticación. Estamos en una época donde el password solo no sirve. MFA no es opcional. SSO es el estándar mínimo. Y los protocolos heredados como POP, IMAP, o FTP tienen que desaparecer. Cada login directo en una aplicación SaaS sin federación es una mina sin detonar. Un atacante no va a perder tiempo rompiendo el servidor si puede entrar con un password débil. Asegurate de usar autenticación federada con protocolos como SAML o OpenID Connect. Y cuando uses atributos para federar identidades, elegí algo que no cambie con el tiempo, como el employee ID, no el nombre ni el email. Pensá en el futuro.
Los usuarios administrativos son otra bomba de tiempo. Cada cuenta con privilegios altos es un blanco. Y si esas cuentas se usan para tareas cotidianas como leer mails o navegar, estás multiplicando tu superficie de ataque. El principio del mínimo privilegio no es filosofía zen, es supervivencia digital. Las tareas administrativas se hacen con identidades separadas, desde dispositivos protegidos, con logs activados y monitoreo activo. Si podés implementar PAM (Privileged Access Management), mejor todavía. No necesitás cien admins. Necesitás pocos, buenos y controlados.
Hablando de permisos, los usuarios estándar tampoco deberían tener rienda suelta. Si tu app permite RBAC (control de acceso basado en roles), usalo a fondo. Segmentar accesos, limitar funciones, y aplicar políticas de autorización contextual no es paranoia: es arquitectura defensiva. Que nadie tenga más permisos de los que necesita. Y que esos permisos estén ligados a grupos, no a usuarios individuales. Si todo es manual, algún día te vas a olvidar de revocar algo. Y ahí es donde entra el atacante.
Los dispositivos desde los que se accede a la aplicación también importan. Mucho. No podés permitir que un usuario entre desde una notebook con malware, un teléfono viejo sin parchear o un browser desactualizado. Aplicá políticas de confianza de dispositivo. Autenticación contextual. PAWs (Privileged Access Workstations) para tareas críticas. Supervisión activa. Que el acceso venga condicionado no solo por la identidad, sino también por el estado del endpoint. Si permitís BYOD, asegurate de aplicar controles, no de regalar acceso porque “necesita revisar un archivo urgente”.
Y hablando de archivos… tus datos tienen que estar cifrados siempre. En tránsito. En reposo. En backups. Si tu proveedor SaaS no ofrece cifrado por defecto, es hora de buscar otro. Y no solo se trata de cifrar, sino de dónde y cómo. ¿Podés elegir la jurisdicción donde se almacenan tus datos? ¿Tenés control sobre quién puede acceder a ellos, incluso dentro del proveedor? ¿Hay auditoría del acceso por parte del soporte? ¿Podés exigir aprobación antes de que alguien del proveedor vea tus datos? Todo eso marca la diferencia entre un proveedor serio y uno que te deja expuesto.
El contenido malicioso es otro riesgo ignorado en SaaS. ¿La app escanea los archivos subidos? ¿Detecta URLs sospechosas? ¿Aplica filtros antiphishing? Si no lo hace, sos vos quien tiene que implementar mecanismos adicionales o, peor, confiar ciegamente en el comportamiento de los usuarios. Cada archivo subido puede ser un caballo de Troya. Cada link malicioso, una puerta trasera. No se trata solo de prevenir ataques externos, sino también de evitar que un usuario comprometido dentro del sistema lo use como vector para infectar a otros.
Y por supuesto, la forma en que se comparte acceso a recursos dentro de una aplicación SaaS puede ser tu mayor vulnerabilidad si no está bien controlada. Si todo se comparte por defecto, estás regalando datos sin darte cuenta. Los recursos deberían ser privados hasta que explícitamente se comparta el acceso. Y cuando se comparte, se hace con control. Con trazabilidad. Con expiración de permisos. Con políticas de sensibilidad de datos. Las etiquetas, los roles y los contextos ayudan a definir con claridad qué se puede compartir, con quién y cómo. Y si el sistema no lo permite, lo tenés que emular. Porque el usuario, si puede hacer clic en “compartir con todos”, lo va a hacer.
Una buena política de acceso compartido también necesita feedback. Notificaciones, revisiones periódicas, expiración automática de accesos, visibilidad completa para los administradores. La colaboración no tiene por qué ser sinónimo de exposición. Si querés permitir trabajo ágil y distribuido, necesitás gobernanza. Y si no la implementás, alguien va a terminar mandando datos sensibles a un colaborador externo por error, y ese error va a costar caro.
En resumen, usar aplicaciones SaaS no te quita responsabilidad. Te cambia el foco. Te exige conocer en detalle lo que podés y no podés controlar, y hacer todo lo posible para blindar tu entorno. Porque el proveedor puede darte todas las herramientas, pero si vos las usás mal, el agujero sigue siendo tuyo. Configurar seguridad en SaaS no es una tarea que se hace una vez y listo. Es un proceso constante, un ajuste permanente, una cultura de seguridad que se vive en cada clic.
Porque en SaaS, como en todo, la seguridad no es un feature. Es una responsabilidad.
Seguridad Real para Entornos que No Controlás del Todo
Blindar una aplicación SaaS es un ejercicio que va mucho más allá de apretar un par de botones o activar configuraciones por default. No existe SaaS seguro por arte de magia. Pensar que el proveedor ya se encarga de todo es una fantasía que puede costarte caro. Cuando trabajás con una plataforma SaaS, la seguridad no desaparece: muta. Y si no entendés bien qué podés controlar, qué no, y cómo aprovechar al máximo cada opción de seguridad, estás dejando la puerta abierta. Un atacante no necesita vulnerar al proveedor si puede entrar por tu cuenta mal configurada. Esto no es paranoia, es realismo técnico. Y si querés hacer las cosas bien, tenés que pensar como un atacante, no como un usuario más.
El primer paso no es técnico: es de análisis. Entender qué rol cumple esa aplicación en tu arquitectura. ¿La usás como core de tu operación? ¿Maneja datos personales? ¿Tiene integración con otros servicios sensibles? ¿Es usada por toda la empresa o solo por un equipo? Esa radiografía es clave. Porque no vas a aplicar las mismas políticas a un sistema de gestión de campañas internas que a una plataforma que aloja documentos legales o datos financieros. La sensibilidad de los datos cambia la estrategia. Si no dimensionás el riesgo, vas a terminar aplicando medidas genéricas que no sirven para nada. Y en seguridad, lo genérico es lo más inseguro que hay.
Después viene lo más subestimado: la gestión del ciclo de vida de los usuarios. Incorporación, cambios de rol y salida. El famoso JML que casi nadie implementa bien. Acá no hay margen para el error. Si alguien se va de la empresa y su cuenta sigue activa, estás generando un punto ciego que puede ser explotado sin necesidad de sofisticación. Todo acceso debe estar atado a identidades activas, actuales y auditadas. Y esa identidad tiene que estar federada, no aislada. Si seguís creando cuentas manuales en cada plataforma SaaS, ya perdiste. La identidad tiene que ser centralizada, orquestada y controlada desde un punto único. Si no tenés eso, cualquier otro control es cosmético.
El segundo gran bloque es la autenticación. Y no hay mucho que discutir: password solo es suicidio digital. Necesitás MFA como piso. No como opción, como obligación. Y el MFA tiene que ser fuerte: nada de SMS. Usá autenticadores modernos, llaves FIDO2, push seguro. El SSO no es una comodidad: es una necesidad. Te da trazabilidad, control y centralización. Y te permite aplicar políticas globales. Cualquier aplicación que permita logins locales sin federación es un agujero que tenés que tapar. El protocolo también importa. SAML es robusto, pero OpenID Connect te da más flexibilidad y escalabilidad. Elegí según el contexto, pero nunca elijas el camino viejo.
Y ya que hablamos de identidades, hablemos de privilegios. Porque no hay mejor objetivo para un atacante que una cuenta con acceso admin que se usa todos los días para tareas comunes. Eso es como tener las llaves del data center en el llavero del auto. Las identidades privilegiadas tienen que estar separadas. No es negociable. Nada de mezclar navegación diaria con tareas críticas. Privileged Access Workstations, monitoreo constante, uso bajo demanda y, si podés, herramientas de PAM que te permitan registrar sesiones, aplicar just-in-time access y auditar cada movimiento. Los privilegios son temporales, no permanentes. Si son fijos, alguien va a abusar de ellos. O alguien los va a robar.
En paralelo, los permisos de los usuarios comunes también tienen que estar bien modelados. El RBAC no es una sigla para decorar un PowerPoint. Es una forma de garantizar que nadie vea, toque o haga más de lo que debe. Y no se trata solo de asignar roles: se trata de mantenerlos actualizados. Porque un usuario que cambia de equipo y mantiene permisos antiguos es un vector de ataque latente. Si no automatizás esa revisión, te vas a olvidar. Y cuando te olvidás, alguien se aprovecha. Los permisos deben estar ligados a grupos, y los grupos a funciones claras. Si hacés todo a mano, estás apostando a la memoria humana. Y la memoria falla. Siempre.
Pero no todo es usuario. También importa desde dónde se accede. Y ahí entra un componente que muchas empresas subestiman: el endpoint. Un usuario puede tener MFA, pero si accede desde un dispositivo comprometido, ya fue. Por eso necesitás políticas de seguridad de dispositivo. Autenticación contextual. Verificación de estado del navegador, del sistema operativo, del antivirus. ¿El equipo está cifrado? ¿Tiene los parches aplicados? ¿Es un dispositivo corporativo o personal? Si permitís BYOD, no lo hagas a ciegas. Aplicá MDM, segmentación, VPN segura, y limitación de acciones según tipo de equipo. Y para tareas críticas, usá estaciones controladas, cerradas y con telemetría activa.
Ahora hablemos del alma de todo esto: los datos. No alcanza con que el proveedor diga que están cifrados. Tenés que entender cómo están cifrados. ¿Qué tipo de cifrado usan? ¿Quién gestiona las claves? ¿Tenés vos el control? ¿Podés rotarlas? ¿Hay HSM? ¿Se respeta la ubicación geográfica de los datos según normativa? ¿Podés restringir el acceso interno del proveedor? Porque sí, muchos proveedores tienen soporte técnico que puede mirar tus datos si quiere. Y si no hay control, ni auditoría, ni justificación, te están dejando vendido. Pedí registros de acceso, trazabilidad, y validación de cualquier intervención sobre tus datos. Si no te lo dan, no es un proveedor confiable.
Tampoco podés ignorar el contenido malicioso. Cada archivo subido es una amenaza potencial. Cada link que entra puede ser una entrada lateral. ¿La plataforma escanea archivos? ¿Tiene sandboxing? ¿Bloquea extensiones riesgosas? ¿Analiza URLs en tiempo real? Si no lo hace, vos tenés que armar una estrategia externa que lo cubra. Y eso cuesta. Pero si no lo hacés, estás jugando a la ruleta rusa con cada upload. El phishing interno es más común de lo que pensás, y cuando pasa dentro del SaaS, la mayoría ni se entera hasta que es tarde.
Y después está el gran olvidado: el sharing. La forma en que se comparten recursos es una mina de oro para el atacante y un dolor de cabeza para el defensor. Si la app permite compartir con cualquiera por default, estás en problemas. Los recursos deben ser privados de entrada. Cualquier acceso debe ser explícito, justificado, y con vencimiento. Nada de permisos eternos. Nada de compartir con «todos». Y si el sistema no lo permite, buscá formas de emularlo. Porque te garantizo que alguien, tarde o temprano, va a compartir información sensible con alguien que no debería. Y eso no es un fallo del sistema: es un fallo de diseño. Un fallo tuyo.
La gobernanza del sharing también implica monitoreo. Notificaciones de acceso. Revisión periódica. Logs accesibles. Delegación de control con criterio. La colaboración no tiene por qué ser sinónimo de exposición. Pero para eso necesitás reglas claras. Cultura. Y herramientas que te lo permitan. Porque si no sabés quién tiene acceso a qué, cuándo y por qué, ya no tenés control. Tenés caos.
Al final del día, la seguridad en SaaS no es solo configurar bien una app. Es construir una postura defensiva completa en un entorno que no controlás del todo. Es aceptar que el riesgo existe, y que tenés que mitigarlo activamente. Es revisar, ajustar, automatizar, y monitorear. No una vez. Siempre. Es pensar como un atacante, actuar como un arquitecto, y moverse como un operador. Porque el que se relaja, pierde. Y el que cree que “como está en la nube, está todo bien”, ya perdió hace rato.
En SaaS, como en cualquier sistema expuesto, la seguridad real no es un checkbox. Es una responsabilidad continua. Y si querés sobrevivir en serio en este juego, más vale que te lo tomes así.

Mantener la Postura de Seguridad en SaaS como un Hacker: Cómo No Dormirse y Terminar Expuesto
Blindar una aplicación SaaS no es algo que se hace una vez y se olvida. La seguridad no es un “checklist” que marcás el primer día y después pasás a otra cosa. Una aplicación SaaS es un sistema vivo, que cambia, que evoluciona, que el proveedor actualiza, expande, parchea y a veces incluso rompe. Si vos no tenés un sistema para monitorear y adaptarte a esos cambios, vas directo a una brecha. Porque sí, aunque tu configuración haya sido perfecta ayer, puede estar completamente obsoleta mañana. Y eso, en seguridad, es igual a vulnerabilidad.
Un atacante no necesita que dejes una puerta abierta. Le alcanza con que no te enteres de que el proveedor puso una nueva. Los proveedores de SaaS agregan funcionalidades todo el tiempo: para mejorar UX, para conectar con otras plataformas, para acelerar procesos. Y cada una de esas funcionalidades puede interferir con tu postura de seguridad. Lo que antes era una barrera, ahora puede ser un bypass. Lo que antes bloqueaba accesos, ahora los permite con nuevos parámetros. Si no seguís de cerca cada update, te quedás desfasado. Y si te quedás desfasado, alguien va a aprovecharlo.
Por eso, tenés que tener claro dónde y cómo se publican los anuncios de cambios. ¿Hay changelog público? ¿Tienen RSS? ¿Avisan por mail? ¿Publican en un blog técnico? ¿Aparece algo en el dashboard de administración? No importa cuál sea el canal, lo importante es que vos ya estés suscripto, tengas alertas configuradas y alguien del equipo sea responsable de revisar esas actualizaciones. Porque si no lo hacés vos, nadie lo va a hacer por vos. Y cuando caiga una nueva función que habilita el uso compartido masivo por defecto o cambia los scopes de una API, ni te vas a enterar. Hasta que sea tarde.
El seguimiento de actualizaciones tiene que ser un proceso asignado. No alcanza con asumir que el equipo técnico “ya está al tanto”. Tenés que formalizarlo. ¿Quién es responsable de revisar el impacto de los cambios técnicos? ¿Quién analiza las modificaciones a términos legales o de licencias? ¿Quién valida si una nueva integración expone datos sensibles? Esto no es solo TI. Acá entra seguridad, compliance, legal y hasta el equipo financiero. Porque hay cambios que no solo comprometen la seguridad sino también la viabilidad operativa o el cumplimiento regulatorio.
Si el proveedor ofrece entornos beta, programas piloto o canales de early access, te conviene participar. Sí, eso implica más trabajo. Sí, vas a tener que testear más. Pero también te da ventaja. Probás antes. Identificás problemas antes. Ajustás tus políticas antes. Podés prevenir en lugar de apagar incendios. No hay nada peor que enterarte de un cambio porque de golpe dejó de funcionar un control crítico de DLP o porque los logs ya no traen los eventos que antes necesitabas para SIEM. Los cambios hay que verlos venir, no descubrirlos a posteriori.
También necesitás tener un plan de comunicación interna. Cuando algo cambia en la aplicación, los usuarios tienen que saberlo. Si no lo sabés comunicar, vas a tener dos problemas: usuarios confundidos que no saben cómo trabajar, y usuarios que sin querer pueden comprometer la seguridad por no entender los nuevos comportamientos. ¿Apareció una nueva función para compartir archivos? ¿Cambiaron los flujos de login? ¿Se modificaron los permisos por defecto? Mandá un aviso claro. Usá intranet, correo, notificaciones, lo que sea. Pero no dejes que los cambios agarren a tus usuarios por sorpresa.
Cada vez que se modifica una función, se agrega una nueva API o se habilita una capacidad extra, tenés que revisar tus sistemas de monitoreo. ¿Lo nuevo está siendo logueado? ¿Tus alertas lo contemplan? ¿Se están recolectando eventos relevantes? Una función que no está auditada es una función que no existe para tu sistema de seguridad. Los registros tienen que capturar cada acción sensible, y las alertas tienen que dispararse en tiempo real si algo se sale de lo normal. No podés proteger lo que no ves. Y si tu proveedor agregó capacidades nuevas, más te vale que tu observabilidad las tenga en el radar.
La revisión periódica del uso de la aplicación es otro punto clave. Las herramientas que usás hoy quizás ya no sean necesarias mañana. O peor: quizás fueron pensadas para un contexto que cambió por completo. Cada cierto tiempo tenés que preguntarte: ¿esta aplicación sigue cumpliendo su propósito? ¿Sigue siendo la mejor opción para los datos que maneja? ¿Su configuración actual respeta las nuevas necesidades del negocio? Porque seguir usando una app solo porque “ya está implementada” es un camino directo al desastre. La tecnología es dinámica. Tus controles también tienen que serlo.
Si decidís seguir usando la aplicación, tenés que asegurarte de que tu configuración esté actualizada. Quizás el proveedor publicó nuevas buenas prácticas, o nuevas funcionalidades de seguridad que no existían cuando hiciste la primera configuración. ¿Estás usando los nuevos controles? ¿Aprovechás las mejoras de seguridad? ¿Aplicaste los cambios necesarios en tu arquitectura? No podés conformarte con lo que hiciste en el onboarding. Tenés que evolucionar con la herramienta. Si no lo hacés, te quedás en el tiempo. Y la seguridad que no evoluciona, se vuelve obsoleta.
Y si en la revisión descubrís que la herramienta ya no sirve, que hay una mejor, o que dejó de cumplir con tus estándares, entonces tomá la decisión de darla de baja. De nada sirve mantener una plataforma que ya no aporta valor o que representa un riesgo. El offboarding tiene que ser igual de riguroso que el onboarding. Eliminá accesos. Transferí datos con seguridad. Cerrá ciclos. Porque las herramientas olvidadas suelen ser las más peligrosas: nadie las usa, pero siguen activas, siguen integradas, siguen expuestas. Y ahí es donde entra el atacante.
Mantener una postura de seguridad sólida a lo largo del tiempo no es un lujo, es una necesidad. Es un ciclo de vigilancia constante, adaptación proactiva y mejora continua. No se trata solo de reaccionar cuando algo explota. Se trata de anticiparse, de testear, de monitorear, de aprender. Las plataformas SaaS son entornos vivos. Cambian. Y si vos no cambiás con ellas, dejás de tener control. Y si perdés el control, perdés la seguridad.
Blindar tu entorno SaaS no es cuestión de tener un gran diseño inicial. Es cuestión de mantenerte despierto. Porque el atacante siempre está mirando, esperando que te relajes, que bajes la guardia, que no leas un release note o que ignores una nueva configuración. Y cuando eso pasa, el agujero no está en la nube. Está en vos.
Cómo Encarar la Autenticación Digital como un Hacker
Cuando hablamos de identidad digital en serio, no estamos hablando de usuarios y contraseñas. Hablamos de representación técnica, de quién sos en un sistema, de cómo te identifica un recurso digital y, más importante, de qué tan seguro está ese vínculo. Cualquier hacker que se precie sabe que la identidad digital es el talón de Aquiles en casi cualquier infraestructura. Y no porque sea débil por sí sola, sino porque la mayoría de las implementaciones están mal hechas, subestimadas o directamente ignoradas hasta que algo explota. Y cuando explota, es porque alguien pensó que una password con un captcha era seguridad.
El marco SP 800-63-3 del NIST no es un paper aburrido para burócratas, es la receta de supervivencia digital para cualquier organización que gestione identidades. Y cuando lo mirás con mentalidad ofensiva, lo que ves es un manual de cómo no dejar grietas abiertas para que las credenciales se filtren, las sesiones se secuestren o la federación se convierta en un puente de ataque en lugar de una capa de protección.

Modelo de identidad digital
Acá no estamos hablando de si hacés login con Google o con usuario propio. Estamos hablando de cómo sabés que esa persona que se conecta es quien dice ser. Que tiene el autenticador correcto, que su identidad fue verificada con evidencia concreta, y que cada uno de esos pasos tiene un nivel de garantía proporcional al riesgo. Si eso no está, lo demás es decorado. La superficie de ataque se multiplica cuando las credenciales no están bien atadas, cuando las federaciones no están cifradas, cuando las aserciones se pueden repetir, o cuando se usa información personal que no debería haberse recopilado en primer lugar.
Lo primero que necesitás entender es que la autenticación digital no es un único bloque, es un sistema distribuido con roles claros: tenés un claimant que intenta acceder, un verificador que valida el acceso, un CSP que gestiona identidades, y un RP que confía o no en ese resultado. Lo que define si eso es seguro o no son tres componentes que te tenés que tatuar: IAL (Identity Assurance Level), AAL (Authenticator Assurance Level) y FAL (Federation Assurance Level). No existe una fórmula mágica que diga “este sistema es nivel 3”. Lo que hay es una evaluación de riesgo que te dice qué tan fuerte tiene que ser la verificación, qué tan robusto el autenticador, y qué garantías existen al comunicar esa autenticación a otro sistema.
Selección de IAL
El árbol de decisiones IAL en la Figura 6-1 combina los resultados de la evaluación de riesgos con consideraciones adicionales relacionadas con los servicios de prueba de identidad para permitir que las agencias seleccionen los requisitos de prueba de identidad más apropiados para su oferta de servicios digitales.
La selección de IAL no implica que el proveedor de servicios digitales deba realizar la revisión por sí mismo. Para más información sobre si una agencia puede federarse, consulte la Sección 7 .

Selección de IAL
IAL es básicamente cuánto creés en que la persona que tenés enfrente es quien dice ser. En IAL1 no se verifica nada, se confía en lo que el usuario declara. Ideal para apps anónimas, foros o encuestas. En IAL2 ya necesitás evidencia: documentos, validaciones remotas o presenciales. IAL3 es el nivel paranoico: verificación presencial con personal entrenado. Si estás dando acceso a información crítica, a fondos, a operaciones estatales, querés IAL2 como mínimo.
AAL, en cambio, es el nivel de seguridad del autenticador. Acá entrás en el terreno de los factores: algo que sabés, algo que tenés, algo que sos. AAL1 es el típico login con contraseña. AAL2 es MFA obligatorio, con tecnologías criptográficas aprobadas. Y AAL3 es el real deal: autenticadores físicos (tipo smart cards o tokens FIDO2), claves que no podés copiar, resistencia a phishing y a verifiers maliciosos. Si estás manejando PII o controlando infraestructura crítica, AAL3 no es capricho, es obligación.
Selección de AAL
El árbol de decisiones AAL en la Figura 6-2 combina los resultados de la evaluación de riesgos con consideraciones adicionales relacionadas con la autenticación para permitir que las agencias seleccionen los requisitos de autenticación más apropiados para su oferta de servicios digitales.
La selección de AAL no implica que el proveedor de servicios digitales deba emitir autenticadores por sí mismo. Para más información sobre si la agencia puede federarse, consulte la Sección 7 .

Selección de AAL
Y después tenés FAL, que muchos ignoran hasta que descubren que su federación es un colador. FAL1 firma la aserción, FAL2 la cifra para que solo el receptor la pueda leer, FAL3 exige prueba de posesión de clave. Si estás mandando atributos sensibles en una federación y lo hacés con FAL1, lo que tenés es una bomba con temporizador. Cualquier atacante que intercepte esa aserción puede jugar a ser otro.
Selección de FAL
El árbol de decisiones FAL en la Figura 6-3 combina los resultados de la evaluación de riesgos con consideraciones adicionales relacionadas con la federación para permitir que las agencias seleccionen los requisitos más apropiados para su oferta de servicios digitales.

Selección de FAL
Ahora, ¿por qué importa separar estos niveles? Porque el modelo anterior de «LOA» metía todo en una sola cifra y no te daba espacio a maniobrar. En cambio, separar IAL, AAL y FAL te permite diseñar sistemas flexibles. Por ejemplo, podés tener usuarios seudónimos (IAL1), pero con autenticación fuerte (AAL2) porque acceden a información sensible. O podés tener verificación presencial (IAL3), pero autenticación simple (AAL1) si el riesgo post-verificación es bajo. Esta granularidad no es solo una mejora técnica: es arquitectura de defensa.
El punto es que la identidad digital bien implementada no solo protege al sistema, también protege al usuario. Si recolectás más información personal de la que necesitás, no solo te estás exponiendo a regulaciones de privacidad, estás creando un target. Cuanto más datos tenés, más interesante sos para un atacante. El modelo del NIST no te dice que recopiles todo: te dice que minimices. Que uses reclamaciones (“mayor de edad”, “afiliado activo”) en lugar de atributos completos. Que permitas seudonimato cuando sea posible. Que federes cuando sea seguro. Es un enfoque basado en necesidad, no en control excesivo.
Y si vas a federar, hacelo bien. Usá protocolos seguros como SAML o OpenID Connect con FAL2 como mínimo. Protegé las aserciones. Verificá las firmas. Cifrales el contenido. Evitá la transmisión directa por el navegador. Usá canales secundarios cuando puedas. Limitá los atributos que recibís. Autenticá al RP. Todo eso suma. Todo eso bloquea vectores.
Ahora, ¿dónde falla todo esto en la práctica? En la implementación. En que el proveedor dice «hacemos MFA» pero en realidad es un SMS sin cifrado. En que las credenciales nunca caducan. En que el recovery de cuenta es más débil que el login. En que no se revocan autenticadores cuando un usuario se va. En que nadie documenta qué AAL están usando. En que los logs no auditan eventos críticos. En que las claves están mal protegidas. O peor, en que no hay una política clara y la seguridad se improvisa a medida que explota algo.
Un atacante lo ve. Lo analiza. Lo aprovecha. Si el sistema no audita, ataca sin dejar rastro. Si el verificador no valida bien, falsifica credenciales. Si la federación es laxa, se mete por el medio. Y si la autenticación es débil, se mete de frente. Y todo eso puede pasar incluso si cumplís con “las mejores prácticas”… porque nunca se implementaron bien.
Si querés hacerlo como un hacker, pensá como un atacante. Armá tu arquitectura de identidad como si fuera un perímetro que constantemente está siendo testeado, no por QA, sino por un adversario que tiene tiempo, motivación y nada que perder. Evaluá el riesgo de cada endpoint. Definí los xAL correctos. Auditá. Reautenticá en sesiones críticas. No uses biometría sola. No permitas credenciales sin expiración. No bajes los controles para mejorar UX. El usuario que se queja porque tiene que usar MFA no va a venir a ayudarte cuando le roben la cuenta.
La seguridad de identidad no es un feature. Es la base. Y no porque lo diga un estándar del gobierno de EE.UU., sino porque la identidad es la puerta principal a todos tus recursos. Si esa puerta está abierta, todo lo demás deja de importar. El SP 800-63-3 no es un paper para archivar. Es un blueprint que, leído con cabeza de atacante, te dice exactamente cómo cerrar esas puertas. Y más vale que las cierres antes de que alguien las abra por vos.
A07:2025 – Fallos de Identificación y Autenticación (Identification & Authentication Failures)
Antes conocido como Broken Authentication.
En 2025 sigue siendo una categoría crítica porque la identidad digital es el eje de cualquier aplicación moderna.
Falla todo lo que permita suplantar usuarios, evitar autenticación, manipular sesiones o romper MFA.
Incluye errores en sesiones, contraseñas, MFA, tokens, gestión de identidad y flujos de login.

🧩 Ejemplos típicos (2025)
- Logins sin MFA en operaciones críticas.
- Tokens JWT sin validación correcta, firma débil o expiración excesiva.
- Sesiones sin rotación tras login o cambio de clave.
- Sesiones predecibles o sin protección contra hijacking.
- Recuperación de contraseña insegura / tokens débiles.
- Reutilización de tokens de reset múltiples veces.
- Falta de limitación de intentos en login (fuerza bruta).
- Contraseñas almacenadas sin hashing adecuado.
- Parámetros ocultos para “impersonación” no validados.
- Falta de validación adecuada en SSO (OpenID Connect / OAuth).
- Validación débil del “state”/“nonce” en OAuth → CSRF/OAuth hijack.
- Sesiones enviadas vía HTTP sin Secure o sin HttpOnly.
🔍 Mini-guía de explotación (pentesting 2025)
- Probar bypass de login (tokens viejos, endpoints alternativos, mobile/legacy).
- Enumerar tokens JWT → verificar alg, firma, expiración.
- Forzar errores en flujo OAuth → comprobar validación de state, nonce.
- Probar fuerza bruta si no hay límites o captcha.
- Ver si el login alternativo (v2, mobile) salta controles.
- Intentar session fixation:
- iniciar sesión con cookie previa
- observar si rota la sesión
- Ver si las sesiones son predecibles o sin expiración.
- Probar flujos de recuperación de contraseña:
- tokens cortos
- links sin expiración real
- tokens reutilizables
- Probar impersonación
- parámetros “user_id” ocultos
- endpoints de “login as…” expuestos
- Inyectar parámetros en SSO para validar OIDC/OAuth.


🎯 Consecuencias
- Toma de cuentas (Account Takeover, ATO).
- Robo de identidad.
- Modificación de datos sensibles sin autenticación adecuada.
- Escalada de privilegios (impersonación).
- Acceso persistente usando tokens no expirados.
- Secuestro de sesión mediante hijacking.
- Fraude financiero y transferencia de fondos.
- Compromiso total en servicios críticos (SSO).
🛡 Defensas modernas (2025)
- MFA obligatorio para login y operaciones sensibles.
- JWT con RS256/ES256, expiraciones cortas y rotación.
- Validación estricta de:
- iss
- aud
- exp
- firma
- kid
- Rotación obligatoria de sesión tras login y tras cambio de clave.
- Rate limiting + captcha anti-fuerza bruta.
- Hash seguro de contraseñas: Argon2id / bcrypt cost alto.
- Deshabilitar endpoints alternativos o mantenerlos coherentes.
- Session cookie con HttpOnly, Secure, SameSite=Strict.
- Revalidación de identidad para operaciones críticas.
- Validación estricta del flujo OAuth/OIDC (state/nonce).
- Sesiones cortas y expiración forzada.
- Proteger flujos de recuperación → tokens fuertes, uso único.


📚 Subtipos / patrones modernos (2025)
| Subtipo / patrón | Definición | Ejemplo bancario | Pentesting (qué probar) | Ataque / PoC | Consecuencia | Defensa | Tips examen |
| Password Weakness | Contraseñas débiles o sin límite | Login sin rate-limit | Fuerza bruta | Login exitoso | ATO | Rate limit + MFA | “Sin límites = inseguro” |
| Weak Session Management | Sesión sin rotación ni flags | Cookie sin Secure | Session fixation | Secuestro | Hijack | Rotar + flags | Buscar HttpOnly |
| JWT Misuse | Firma débil / alg=none | Token HS256 con clave corta | Modif. token | Escalada total | Impersonación | RS256 | Keyword: “HS256 débil” |
| OAuth/OIDC Misconfig | Validación débil del flujo | state no verificado | Manipular callback | Login como otro | Compromiso SSO | Validar state/nonce | Atención a SSO |
| Weak MFA | MFA inconsistente o opcional | Cambiar CBU sin MFA | Intentar bypass | Secuestro | Robo fondos | MFA robusta | Buscar “critical ops” sin MFA |
| Weak Password Reset | Tokens débiles o reusables | Reset link sin expirar | Reusar link | Reset sin dueño | ATO | Tokens fuertes | Revisar expiración |
| User Impersonation Flaws | Impersonar usuarios por parámetro | ?user_id=123 | Cambiar user_id | ATO | Escalada | Revalidar AuthZ | “user_id en request” |
| Token Reuse | Tokens que no expiran | Tokens de meses | Reusar tokens | ATO persistente | Persistencia | Rotación | “Exp larga = peligro” |
| Missing Logout / revocation | No invalidar tokens | Logout no invalida | Probar token viejo | Sesión activa | Secuestro | Revocación | Ver listado de tokens |
| Insecure Challenge Flows | Preguntas débiles | Preguntas triviales | Probar bypass | ATO | Robo | MFA real | “pregunta secreta” = peligro |
🧪 Checklist rápida de pentesting A07:2025
- Revisar si hay rate limiting en login.
- Revisar almacenamiento y hashing de contraseñas.
- Decodificar JWTs y validar firmas/algoritmos.
- Ver si hay endpoints alternativos para login (/mobile/login).
- Probar reuso de tokens de reset.
- Probar impersonación con parámetros (user_id, email).
- Revisar expiración real de tokens y sesiones.
- Revisar validación de OAuth/OIDC (state, nonce).
- Revisar flags de cookies (HttpOnly, Secure, SameSite).
- Ver si la sesión rota tras login.
- Probar bypass de MFA en operaciones sensibles.
- Probar session fixation.
🧾 Resumen ejecutivo
A07:2025 Fallos de Identificación y Autenticación incluye todas las debilidades que permiten a un atacante asumir la identidad de otro usuario: contraseñas débiles, flujos de login sin límites, hashing deficiente, sesiones sin rotación, JWT mal firmados, OAuth mal configurado, tokens de recuperación inseguros y fallos de MFA. Es una categoría crítica porque permite Account Takeover, secuestro de sesiones, escalada de privilegios y fraude. La mitigación exige MFA, controles estrictos en sesiones, validación correcta de JWT/OAuth, rate limiting, hashing moderno y protección de flujos sensibles. La identidad es la primera línea de defensa: si falla, todo el sistema cae.

¿Qué ocurre si la aplicación bancaria permite contraseñas como 1234 o password? Identification & Authentication Failure por política de contraseñas débiles.
¿Qué falla existe si el login no tiene rate-limiting y permite intentos ilimitados de password? Identification & Authentication Failure porque facilita ataques de fuerza bruta.
¿Qué ocurre si un banco no implementa MFA (autenticación multifactor) en login y operaciones críticas? Identification & Authentication Failure por falta de autenticación fuerte.
¿Qué pasa si la aplicación no expira las sesiones y un token sigue válido por días? Identification & Authentication Failure por gestión insegura de sesiones.
¿Qué ocurre si un atacante puede usar la misma cookie de sesión después de que el usuario cierra sesión? Identification & Authentication Failure (sesiones no invalidan en logout).
¿Qué vulnerabilidad existe si el servidor no rota el ID de sesión después de loguear? Identification & Authentication Failure por riesgo de session fixation.
¿Qué pasa si la app usa JWT sin firma o con alg: none y los acepta como válidos? Identification & Authentication Failure por validación insegura de tokens JWT.
¿Qué ocurre si el flujo de recuperación de contraseña solo pide datos triviales (ej. DNI y fecha de nacimiento)? Identification & Authentication Failure por mecanismo inseguro de recuperación de credenciales.
¿Qué vulnerabilidad hay si el banco guarda contraseñas de usuarios en texto plano y un admin puede leerlas? Identification & Authentication Failure por almacenamiento inseguro de credenciales.
¿Qué ocurre si un atacante obtiene claves o contraseñas hardcodeadas en la app móvil bancaria? Identification & Authentication Failure por gestión insegura de secretos.
¿Qué falla hay si el sistema no detecta ni bloquea ataques de credential stuffing (uso de credenciales filtradas)? Identification & Authentication Failure por ausencia de protecciones contra ataques automatizados.
¿Qué pasa si el login sigue aceptando sesiones viejas después de que el usuario cambió su contraseña?Identification & Authentication Failure por no invalidar sesiones activas tras cambio de credenciales.
¿Qué ocurre si un banco permite múltiples sesiones concurrentes sin restricciones y sin alertas? Identification & Authentication Failure por mala gestión de control de sesiones.
¿Cuál es la diferencia entre A07 (Auth Failures) y A01 (Broken Access Control)? A07 = fallos en identificación/autenticación (entrar, validar identidad, sesiones); A01 = ya dentro, acceder a recursos sin permiso.
¿Qué controles debe aplicar un banco para proteger la autenticación? MFA obligatorio, password policies robustas, rate-limiting, gestión segura de sesiones, logout e invalidación correcta, almacenamiento seguro de contraseñas (bcrypt/Argon2).
Preguntas más probables en examen (Top 7)
- Contraseñas débiles aceptadas → falla de auth.
- Login sin rate-limiting → fuerza bruta.
- Falta de MFA en operaciones críticas → auth failure.
- Tokens/sesiones que no expiran → gestión insegura de sesión.
- JWT con alg: none aceptado → auth failure en tokens.
- Recuperación de contraseña con datos triviales → flujo inseguro.
- Diferencia entre A07 y A01 (auth vs autorización).
¡Llegaste al final del capítulo!
Ahora tenés un entendimiento sólido y realista de lo que significa proteger la identidad digital en 2025! A lo largo de este recorrido aprendiste cómo y por qué la autenticación se convirtió en el punto más atacado de cualquier sistema moderno, y por qué A07:2025 sigue siendo una de las categorías más peligrosas del OWASP Top 10.
Ahora dominás:
- La evolución histórica de los fallos de autenticación, desde formularios básicos hasta ecosistemas distribuidos basados en tokens.
- Los errores lógicos y conceptuales que permiten que un atacante comprometa una identidad sin explotar vulnerabilidades técnicas.
- Cómo funcionan realmente ataques actuales como credential stuffing, fuzzing de credenciales, secuestro de sesión y abuso de OAuth/SSO.
- Qué controles técnicos, arquitectónicos y culturales necesitás aplicar para blindar tus sistemas.
- Cómo diseñar flujos seguros de autenticación, recuperación de contraseñas y gestión de sesiones.
- Cómo pensar como un atacante para cerrar cada grieta antes de que alguien la explote.
- Qué implica asegurar SaaS, la nube, la federación y la autenticación adaptativa de forma profesional.
Si algo queda claro es esto: no existe seguridad sólida sin identidad sólida. La autenticación ya no es un módulo más: es tu primera línea de defensa. Y ahora tenés las herramientas, los criterios y la mentalidad necesaria para protegerla, evaluarla críticamente y construir sistemas que no se rompan ante la primera presión real del mundo ofensivo. Seguí avanzando. Lo que aprendiste acá es la base para diseñar infraestructuras modernas seguras y resilientes.